martes, 30 de octubre de 2012

La Visita del Cuervo.




Un cuervo hoy me visito
Y con el la tristeza me invadió
Vino con noticias terribles
Con asuntos impredecibles

Ayer yo cantaba a las estrellas
Y hoy mi pena se ahoga entre ellas
Mis lagrimas recorren mis cicatrices
Como el rió quebranta de la tierra las matrices

Un ángel negro vino a mi
Me dijo que las cosas iban a mejorar
Me cautivo y me invito con el a orar
Para que luego el derramara su gracia sobre mi

Una estrella descendió del cielo
Y con ella un regalo vino cayendo
Palomas plata me cuidaban con celo
Y saetas de fuego me dijeron creyendo 

"No temas, no temas
Recuerda, recuerda
La vida y la muerte
Son solo dos cosas de suerte

Brilla y asciende
Grita y salta
Corre y trasciende
Viste de manta

Que la noche es exacta
Y elegante te muestra
Que las estrellas escondidas
Buscan en ti la respuesta"

Un cuervo hoy me visito
Y con el la alegría me invadió
Vino con noticias de vida
Con manjares para que pida

A los astros de las sombras
Las mas inusuales obras
Que a mi alma den aliento
Y a mi ser entendimiento

Las Estrellas Heladas.



Dormí con estrellas en una noche congelada
Ellas me abrigaban y me sonreían con ternura
Bajo sus brazos me guardaba y con su brillo me cobijaba
Entre sus luces corría y me deleitaba en su encanto

Dormí con estrellas una noche de espanto
Después de la fúnebre helada de un día de encanto
A los pies de la Luna me encontraba en llanto
Y con lagrimas de negras pintaba el asfalto

Una ráfaga de hielo cubrió mis mejillas
Y las nubes de cristal me atraparon las rodillas

Dormí con estrellas locas y hermosas
Que asemejan a afrodita, la mas bella y caprichosa

Pero mi realidad me devolvió a la tierra
Y mis amadas se esfumaron cual marea
En medio de la tempestad de la locura
Volví a caer en mi absurda cordura

Dormí con estrellas heladas,
Mágicas y Astrales compañeras
Esta noche volveré a mis desveladas
Para una vez mas poder contemplarlas.

viernes, 19 de octubre de 2012

La Jirafa y el Corcel.

En mi vida, solo un alma se ha parecido tanto a la mía.

Hace unos años, una Jirafa y un Corcel se toparon
En medio de un campo que ambos transitaban.
Jamas pensaron que sus vidas quedarían ligadas para siempre
 y que sus almas correrían por el mundo, para siempre.

Con una Quesadilla se conocieron la Jirafa y compañía
En una día de sol atardecer, bajo un árbol mas grande que el placer.
Comieron y cantaron
Charlaron y tomaron

Tocaban instrumentos bajo las sombras de aquel viejo árbol 
Y con guitarras y gargantas, juntos creaban música que encanta.
Con coros melodiosos el Corcel entonaba
Las sinfonías que la Jirafa de la Lira rascaba

Bajo la lluvia de Verano sus zapatos se empapaban 
Y recostándose en el pasto, las nubes observaban

Eran mágicos amigos, sin iguales en la tierra y majestuosos en demasía
Solo la Jirafa y el Corcel comprendían
La realidad de su gran amor fraternal
Entre ellos el tiempo no existía 
Y las horas eran nada mas que fantasía

*Rubiks circulaban por sus manos
*Ipods abrumaban sus orejas 
Y millares de Quesadillas 
Embutían sus cabezas.

*Nachos mexicanos invadían sus estómagos en los días de verano
Con tarjetas celebraban sus primaveras 
Y con vídeo juegos festejaban sus vísperas

Parecidos en abundancia, la Jirafa y el Corcel reían sin cesar
Cantaban las canciones de sus vidas y platicaban los errores del pasado

Hoy en día, la Jirafa y el Corcel conviven, viven y reviven
En armonía y fantasía, 
gozando de una Amistad y Hermandad. 

Un lazo sin igual que durara por el resto de sus vidas.




La Chica de las Hadas.

Conozco a una chica que habla con hadas. Ella es mas cambiante que el viento y mas profunda que el mar. A veces, sueña despierta y otras veces despierta soñando. Una vez me contó sobre cosas raras y extrañas, mágicas y olvidadas. Me dice a menudo que abra mi mente, que vea mas allá y que sienta lo que los demás ignoran. En las noches de playa, vemos las estrellas y contemplamos la luna con el mar.
Observamos astros que se mueven solos, nadie mas los mueve. Creamos historias alocadas y reímos como locos en medio de la nada. Ella es una gran persona, una gran amiga y un ser que sé jamas terminaré de conocer. Se hace llamar de muchas formas. A veces se identifica con las estrellas y otras veces siente tener plumas negras. Es muy misteriosa y siente todo de forma ajena a mi. Es cariñosa y temperamental a al vez, ¡CATATÓNICA en todos sus momentos! Pero es una chica que aprecio y quiero mucho. Una Deidree de un cuento de Lamento. Un Handclove que me hace creer que todo es mas que un momento.



La Milla 696



-¡Boom! ¡Bam! ¡Crash!

El sonido del metal retorciéndose filtraba en mis oídos mientras mi automóvil deportivo rodaba hacia abajo por la ladera de un precipicio. -¡Crash! ¡Stock! ¡TRISH!- Cristales volaban por todo mi alrededor y la bolsa de aire que impedía que me rompiera mas la cara, me apretaba contra mi asiento que de por sí ya me sofocaba, por causa del cinturón de seguridad. ¡Trash!  Todo quedo quieto. Mi cabeza daba vueltas, comenzaba a ver todo un poco más oscuro y cada vez más opaco. Mi respiración agitada empezaba a calmarse y, poco a poco, fui sintiendo como mi cuerpo se desvanecía y la conciencia desaparecía. Paulatinamente el dolor de mi cabeza y mis extremidades se fue apagando y mi corazón empezaba a tumbarse, a ceder al descanso y a darse por vencido. Estaba muriendo. Con la poca energía que mi cuerpo conservaba, pude divisar por el espejo retrovisor una llamarada que apenas se comenzaba a formar. Vi los destellos amarillos y rojos del fuego que comenzaba a abrazar el montón de lata arrugada que apresaba mi cuerpo. Inútilmente, intente quitarme el cinturón; moribundo y casi sin conciencia, comencé a gritar desde aquel agujero en medio de la noche. Mis lamentos hicieron eco en todo el lugar, pero ninguno; en absoluto NADIE auxilio mi llamado y mi destino estaba sellado. Mi corazón casi apagado, revoluciono sus latidos a ritmos descomunales, tratando de hacerme reaccionar a ese escenario, mi mente razono la situación y envió señales a mis manos, brazos y piernas; pero nada sucedió. Solo el silencio me acompaño en mis últimos minutos. Ligeramente empecé a sentir el calor de las brazas en mi espalda y casi al mismo tiempo comencé a caer en un sueño tan profundo que, mis ojos se cerraron en contra de mi voluntad. Mi corazón ya no latía más y el oxígeno que tanto necesitaba me falto. Me desmaye y después de eso simplemente sucedió lo que sabía que iba a pasar. Quede inconsciente en mi asiento apachurrado para de esta forma morir entre las brazas calcinantes del fuego aquella noche. Morí. Me despedí de mi prodigiosa vida en aquel instante y guarde en mi esencia el rencor de haber salido de este plano a causa de un estúpido que embosco mi camino. Mi agonía termino y mi sufrimiento se acabo. Así fue como la desgracia de aquella carretera comenzó. Así fue como el torturo de las almas inicio.Después de aquella noche desastrosa, mi ser se quedo impregnado en los arboles, en la tierra y en las rocas, en el aire que por ahí circulaba y, como un ser nocturno, busque refugio en las cuevas que en el submundo existen para esconder mi pena de los demás. Para poder ser un alma que solo buscara la superficie para atormentar a aquellos que una vez fueron mis iguales, a quienes por culpa de uno odio; a todos. TODOS. Aquellos vivos que me causan asco, que me molestan la sola presencia y me hacen sentir fuego dentro. Muchos me lamentan aún, pero sus lamentos son más bien zumbidos que irritan mis oídos, susurran mi nombre frente a la lapida que adorna mi tumba con bellas letras góticas que, con sus formas simples y elegantes forman lo que una vez me dio identidad: Vladimir.Esta es la historia del punto donde me calcine hasta no ser más que un cuerpo de carbón. Del lugar que quedo maldito por mi alma vagabunda, por mis ganas de no irme a ninguna lugar, de no pasar la luz que todos vemos cuando no vamos. Por reusarme a cruzar la línea de la paz y decidir deambular por cavernas, senderos y la famosa carretera que me arrebato la vida. Ir en busca de aquel que me mato, de aquel que me obligo a quedarme. Buscar mi venganza en los vivos y darles el mismo destino de mi atormentado ser.





20 de Abril, 20- -




Eran las 2:00 pm, Israel y Florence ya estaban atrasados para ir al funeral de su amigo Vladimir. Era una pareja muy joven, de 23 él y de 20 ella.

- ¡Florence! Date prisa cariño, o llegaremos tarde a la recepción en la iglesia.
- Ya voy Isra, ya voy. Solo busco mi velo, es que no lo encuentro y lo necesitare.
- Bueno, pero apresúrate ya es muy tarde.
- ¡Ya lo encontré! Vámonos.

Salieron de su casa ubicada en Golde St., en el muy elegante vecindario de Black Tree. Subieron al Sedan deportivo de Israel y como alma que lleva el diablo salieron del fraccionamiento. La iglesia no quedaba lejos, pero la recepción era a las 2:15 y la caravana hacia el cementerio de la ciudad tardaba más de lo que parecía. Tomo un atajo para llegar más rápido y paso por un sendero cerca del mercado de aquella ciudad. Llegaron en seis minutos a su destino. Los que alguna vez fueron amigos del difunto Vladimir, ahora llegaban vestidos con trajes negros y grises, velos cubrían las caras de las damas que entraban por la enorme puerta de caoba de aquel gótico y antiguo edificio. Florence tomo salió del auto junto con su esposo, vestida de negro con una rosa blanca en el pecho, un sombrero tan enorme que cubría su rostro y un velo tan tétrico que la hacía ver más hermosa con su piel blanca como la nieve. Israel, por otro lado, vestido de un elegante saco negro acompañaba a su esposa escoltándola con su brazo cruzado al suyo, su semblante triste reflejaba su dolor, Vladimir fue su mejor amigo. Su compatriota en las fiestas y su consejero en los problemas. Se conocían desde hacía muchos años, desde su niñez para ser exactos. Acompañado de una carta que leería en aquella despedida, fue con paso firme y recto hacia la entrada. Una vez dentro del edificio, el magnífico esplendor de los frescos y vitrales deslumbraron su impresión, aunque por dentro aun estaba herido, pudo sentir la seguridad que aquel lugar proyectaba. Acompaño a su esposa hasta uno de los lugares del frente, justo atrás de la familia de Vladimir, se sentaron y la misa empezó. El obispo que predico se tomo su tiempo, hablo de la segunda vida en el salvador y de la resurrección del difunto en la venida del redentor. Oro por él y muchos sollozos se hicieron notar; la madre y padre de Vladimir, sus hermanos y familiares se acercaron al ataúd para darle el último adiós al rostro del que alguna vez estuvo platicando con ellos. Luego llego el momento de Israel, se armo de valor y con un paso algo nervioso titubeo al subir cada escalón. Llego al pódium y con una voz ronca y rasgada comenzó a recitar cada una de las palabras que su corazón habían plasmado en aquel papel. Una lagrima se le escapo y con ella un llanto siguió, se descontrolo enfrente de todos y lloro amargamente la pérdida de su amigo. Uno de los cuñados del difunto subió para ayudarlo a abajar y su esposa casi corre para recibirlo al defender de aquella plataforma. Camino a paso lento hacia su lugar y toda la iglesia permaneció en silencio. Nadie hablo y ni siquiera el respirar de los que acudieron al velorio se escucho, una paz y un silencio absoluto domino todo el ambiente.

El obispo rompió aquel bello silencio y con una invitación a seguirlo en la caravana dio la orden de salir del lugar. Primero salieron los de enfrente de la iglesia, seguidos por los de en medio y por último los de atrás, todos formaron muros a cada lado de las escaleras que se permitían el acceso a aquel edificio viejo y sagrado, y con un respeto sin igual cuatro hombres, todos familia de Vladimir, sacaron el ataúd desde en frente de la iglesia. Una marcha de despedida comenzaba en ese momento y con flores blancas y rojas se tapizo el suelo por donde pasaban aquellos hombres con la lujosa caja de madera y terciopelo.

La carroza esperaba debajo de aquellas escaleras grises y bajo unas nubes negras que anunciaban una próxima tormenta; y con la lluvia empezando a caer, la marcha emprendió su camino. La caravana de autos comenzó a seguir aquella carroza que inspiraba miedo y respeto a la vez. Miedo hacia aquellos que temían morir y respeto para los pocos que veían la muerte como un viaje más en la vida. El auto de Israel era el segundo detrás de la carroza, el primero era el de los padres y hermanos del fallecido amigo. Florence sollozaba dentro de su vehículo y no hablaba nada. Ninguno hablo en todo el camino. Llegaron al cementerio donde reposaría el cadáver maquillado de Vladimir, a la morada última del amigo de Israel, el Rose de la Mourge.

La carroza se detuvo, y de ella bajaron dos caballeros con sombreros de copa. Después de eso todos los autos de estacionaron cerca de la entrada, los cuatro hombres que cargaban el ataúd fueron a auxiliar a los conductores del auto de la muerte y con seis manos el cuerpo de Vladimir emprendió su último viaje hacia algún lugar. Caminaron doscientos metros hacia dentro del terreno sombrío, bajo la lluvia helada y acantarada,  y una vez llegando a la fosa, colocaron la caja lujosa en un montículo tapado con una lona verde y adornada con muchas coronas de flores. Los paraguas se abrieron casi en sintonía, rodearon el sepulcro y una vez más el obispo dio unas palabras, una oración de hizo elevar y las lagrimas volvieron a brotar. Los ojos de casi todas las damas estaban rojos e hinchados de tanto llorar, los caballeros con su semblante frio, demostraban el dolor que sus corazones sentían. Pañuelos y velos se mojaban, gafas de sol tan grandes como fondos de botella escondían las miradas y un canto de dolor se escapaba de las gargantas de todos los presentes. Entonaban un himno que rasgaba sus almas y mientras el ataúd bajaba, el llanto aumento, los chillidos se enfatizaban más y los lamentos tomaban posesión de toda la atmosfera. Con flores rojas fue despedido Vladimir, y cuando la última de estas fue lanzada, Florence e Israel se acercaron con el presente que adornaba sus ropas negras, para que, con un gesto de aprecio y amor hacia aquella alma perdida hace apenas tres noches, una rosa blanca resaltara de entre todo el panorama rojo y café que se encontraba ahora a tres metros bajo tierra, mientras el lodo de los suelos tragaba apresurado el ataúd que se enterraba para la eternidad en aquel agujero.

El velorio termino y solo la madre de Vladimir permaneció derribada sobre el lodo llorando la muerte de su hijo. Israel le quiso hacer compañía, pero la mujer pidió que se le dejara sola con la tumba sellada. Nadie más quería a su alrededor, solo ella y el fantasma de su único varón. Florence tomo del brazo a su esposo y con gestos cariñosos lo invito a partir de aquel lugar. Israel, con dolor en el pecho dejo aquel cementerio bajo la lluvia, una lluvia tan helada que los huesos le dolieron y las manos se le pusieron azules por la baja temperatura, sus labios quedaron violeta y sus ojos opacos como un cristal sucio. Camino cabizbajo de la mano de su mujer y en su sedan partieron de ese lugar. Pero justo antes de salir del recinto de muerte, una silueta familiar observaba detrás de un viejo y enorme roble; Israel rápidamente noto aquel cuerpo detrás del ancestral árbol y pudo jurar que vio a Vladimir ahí parado. Quedo atónito ante aquella visión, pero tan pronto como la vio desapareció de su panorama y la duda se planto en su alma. No sabía que pensar y decidió guardarse el encuentro para sí mismo, no le contó nada a Florence y con la mente distraída arranco el auto y partieron del Rose de la Mourge.

El retorno a la residencia de los esposos fue largo y lento, tan fastidioso que los dejo sin aliento. La lluvia no paraba y parecía que cada vez aumentaba más y más. Israel pensaba en lo que vio, se preguntaba si solo fue una mala jugada de su imaginación, o si las circunstancias confundían su mente. Distrito y con una tétrica imagen impregnada en su cabeza se paso un semáforo en rojo, un frenón rechino sobre la avenida empapada y los gritos de Florence trajeron de vuelta al distraído conductor. Cinco centímetro fue la suerte de ese momento, el auto que transitaba en todo su derecho por la cinta asfáltica quedo separado del sedan de Israel por esta distancia. Una avalancha de insultos y gritos obscenos cayeron sobre el pobre Israel, quien reconociendo su erros bajo la ventana de su auto y pidió una disculpa al hombre que estuvo a punto de romperse el alma por culpa del esposo se Florence.
Retomaron el camino a casa, pero esta vez Florence tomo el control del volante. Su esposo estaba demasiado distrito como para conducir de nuevo. Tardaron diez minutos más en llegar a su casa, los diez minutos más reflexivos de toda la vida de Israel. Pensó y repensó lo que vio, deshizo su mente y trato de entender lo que su visión pudo captar, pero nada concreto se materializaba en sus ideas y la conclusión que su lógica le daba era inaceptable para él. Un Fantasma. ¡IMPOSIBLES! ¡RIDICULO! -Esos seres o entes no existen, son solo cuentos populares de la gente que ignora el conocimiento de las cosas, es algo tan estúpido creer en fantasmas.- pensaba Israel.
Llegaron a la casa, Florence estaciono el auto en el garaje y ambos bajaron para adentrarse al inmueble de estilo mediterráneo. El gato de Florence los recibió con ronroneos y caricias por entre sus piernas:

 
- ¡Boris, gato travieso! Déjame abrasarte bola de pelos.
- No me lo acerque Florence, por favor. No tengo ganas de acariciar hoy a tu gato.
- Sé que estas triste amor, pero el animal no te ha hecho nada. No desquites tu frustración contra él.

Florence se sintió ofendida y le dio la espalda a Israel, este con el mismo camino al lado contrario de su esposa y se dirigió hacia el despacho que daba con el patio trasero. Israel llego hasta su oficina y se centro frente a la enorme ventana corrediza que tocaba desde el suelo hasta la pared, y lo dejaba ver la lluvia gris caer en esa tarde sombría. Se recargo sobre el escritorio de cedro que adornaba el despacho y mientras miraba la lluvia defender seguía meditando lo que vio.

- Lo vi, estoy seguro. Esa chaqueta era representativa de él. Y con ella murió quemado.- eso pensaba mientras las gotas caigan elegantes sobre las hojas del naranjo que danzaba con el viento en su patio.

Domino su pensar un momento y comenzó a recordar los buenos tiempos con su amigo. Recordó las travesuras de su infancia con Vladimir, se rió el solo en medio del cuarto y lagrimo mientras sus memorias regresaban a él. Graduaciones, ex novias, trabajos de juventud, citas con las chicas de sus vidas, entrenamientos en el gimnasio de la universidad y proyectos que ambos harían cuando la fortuna llegara a sus vidas. Todos llegaban como avalanchas a su mente y justo cuando el sueño comenzaba a dominarlo un sonido extraño y resonante atrajo su atención y lo despertó del calmado y pacifico momento que disfrutaba.
Levanto la mirada y la dirigió hacia una esquina muy cerrada, en la cual se encontraba un viejo perchero perteneciente a su familia desde 1800. Quedo atónito ante lo que vio. Una sombra comenzó a proyectarse desde el techo hasta el suelo, rodeando aquel viejo perchero y tomando la forma de un Lord de la época dorada. Quiso gritar, pero su garganta se cerro de inmediato, solo sus ojos aceituna se quedaron fijos sobre la esquina. Un sombrero de copa, idéntico al de los conductores de la carroza, parecía tapar su cabeza y esconder su mirada. La temperatura comenzó a descender drásticamente e Israel empezó temblar de frio. De repente, aquella sombra dio la impresión de caminar, y con pasos lentos y pausados se acerco lentamente hacia un librero pegado al escritorio de la oficina. El horrorizado hombre que miraba al espectro deambular por su oficina salto de su silla, y mientras la lluvia se hacía notar bella y opaca, Israel cayó al suelo de aquel cuarto. Entonces una voz ronca e intensa, demasiado idéntica a la de su amigo, resonó en sus oídos.

- VEN-GAN-ZA.

Un aire acelerado y penetrante formo un pequeño remolino en medio de la oficina, y con una fuerza sobrenatural se fue de la presencia de ahora confundí, espantado y petrificado Israel.

Tardo en retomar la conciencia y en ordenar sus ideas, y una vez que tu lógica pudo entender lo que sucedió no hizo más que dar un grito desgargante y fuerte desde el interior de su oficina. Florence acudió hacia el casi de inmediato, y con un azoton demasiado cargado, abrió la puerta de la oficina. Al mirar en el interior de ella encontró a un esposo ido, perdido y sin expresión alguna en el rostro. Sintió miedo de lo que vio y no supo cómo reaccionar, se quedo unos segundos observándolo y después de pensar bien los movimientos que debía de hacer, se acerco lentamente hacia Israel. Con cariño y dulzura, su voz lo llamo por su nombre, pero el hombre no respondió a nada. Solo se quedaba viendo la esquina vacía donde estaba el viejo perchero. Una vez más su esposa lo llamo, y con una mirada hueca, dirigió sus ojos hacia Florence. Ella se quedo pasmada y soltó un chillido de espanto al momento. Su esposo solo logro decir estas palabras: -El no ha muerto., para después levantarse e irse a sentar de nuevo a la silla frente a la ventana de la oficina. Florence pensó sabiamente y decidió dejarlo, salió del cuarto y con la misma llamo a su suegra, a su madre y a quien quiera que le pudiera atender la llamada. Contesto Viridiana, su compañera de trabajo y amiga desde hacía cinco años. Se reventó en llanto y relato lo sucedido, vigilo que su esposo no apareciera y programo una cita con aquella que la oía al otro lado. Quedaron de verse en el café Sirenas a las seis de la tarde, en una hora exacta. Subió a su habitación y se cambio el traje negro, vistió pantalón y un conjunto de blusa y chamarra, por la lluvia que no paraba. Maquillo un poco sus ojos hinchados y se retoco el polvo de la cara. Bajo hacia la sala de nuevo y noto que su esposo no se encontraba aun ahí, así que camino hacia su oficina y lo encontró todavía sentado frente a la enorme ventana, contemplando la lluvia deprimente.

- Saldré un momento cariño. Iré con Viridiana a ver unos asuntos del trabajo, deje unas chuletas preparas en el sartén de cristal sobre la estufa. Te Amo.

Se quedo unos segundos más esperando algún gesto de cariño o desprecio de su esposo, una despedida de su amante, pero nada sucedió. Solo el silencio le respondió. Y con  un sentimiento indiferente, cogió su bolso del sofá de la sala y se dirigió al garaje. Encendió el auto y partió de la casa en penumbra.

Llego al café Sirenas y Viridiana estaba esperándola sentada en una mesa con sombrillas, en la terraza del establecimiento. Florence camino apresurada para llegar pronto hasta donde su amiga, y casi a galope atravesó todo el establecimiento para aterrizar en el asiento a la par de Viridiana. Se saludaron de beso, y aunque Florence no estaba del mejor humor, regalo una sonrisa a su amiga. Un mesero las interrumpió y sacando su pequeña libreta, les pregunto si deseaban tomar algo. Ambas, y casi en coro, pidieron un cappuccino caramelo como bebida; lo cual las hizo soltar una risa inocente. Florence platico todo lo sucedido hacia unos momentos en su casa a Viridiana, demostró su frustración y dejo fluir una que otra lagrima frente a su confiable confidente. Explico que desde que su esposo recibió la noticia del fallecimiento de su mejor amigo, había estado demasiado depresivo; trato de no excusar a su esposo y dijo comprendedlo, pero la mirada hueca que percibió de él la tenía alertada. Se sentía angustiada por su amor e inseguro por ella misma. Tenía presentimientos extraños y un miedo que no sabía cómo explicarse, pero que ahí estaba. Latente y constante como las olas del mar.

Estuvieron el café por dos horas, siguiendo hablando de los problemas de la otra y compartiendo sus temores e inseguridades, dándose consejo mutuo y tratando de solucionar los conflictos de cada una de ellas. La conversación estaba demasiado interesante pero entonces Florence recordó a su esposo y su situación, recordó que no era conveniente dejarlo solo y como si un impulso eléctrico la levantara de su silla, se paró de inmediato. Explico a Viridiana las razones del porque se iba así nada mas, y con besos y risas se despidieron ambas amigas. Corrió al auto y emprendió el viaje de regreso a su casa.

Llegando a su modesto domicilio, encontró que su esposo no estaba y se angustio en demasía. Resulto que después de que Florence partiera hacia el café Sirenas, Israel salió de la casa a pie. Se dirigió hacia el paradero de autobuses y espero la ruta que lo dejara más cerca de la milla 696. El autobús no tardo mucho y una vez que estuvo dentro de la nave, solicito al conductor que lo dejara en el punto más cercano a dicha milla. El accidente de Vladimir había sido noticia pública, dado que el difunto pertenecía a una de las familias más adineradas de la ciudad, así que en su indiscreción el conductor dijo a Israel: - ¿Quiere que lo deje cerca de la milla del muertito ricachón? Israel reventó de ira e insulto de manera muy agresiva al hombre, le deseo males y una discusión muy intensa se realizo en aquel autobús. Un hombre más alto que ellos intervino, tranquilizo a ambos individuos y una vez que la paz reino en sus semblantes, el autobús continuo su viaje pausado con Israel sentad hasta atrás. La lluvia había parado para ese momento, pero el día seguía tan nublado y gris que Israel seguía sintiéndose vacío y solo. El autos llego hasta el punto más cercano de la milla 696, y mientras el conductor gritaba a la noticia, Israel camino hacia la entrada. Pidió una disculpa por su reacción y ambos hombres se estrecharon la mano. Bajo de aquella nave gigante y comenzó a caminar entre senderos enlodados y llenos de charcos. Camino un kilómetro y la milla revelo su presencia. La carretera estaba empapada a más no poder, ríos de agua y lodo se formaban por entre ella y a sus lados; Israel alzo la mirada hacia donde había sucedido el accidente de su amigo, y un enorme roble, el cual contribuyo a la muerte de Vladimir, se revelaba majestuoso y destruido a la distancia. Ramas rotas y marcas de llantas en el asfalto adornaban el escenario de muerte. Comenzó a bajar la colina en la cual se encontraba y se dirigió hacia aquel gran roble. Se paro frente a él y lo contemplo varios minutos, lo rodeo y examino los alrededores. Comenzó a buscar algo, pero no sabía que con exactitud, solo buscaba. Camino y camino, le dio mil vueltas al árbol y a la carretera; observo con gran detalle las huellas del asfalto y dado que aquella ruta era demasiado poco transitada, pudo pasearse por en medio sin temor a que un auto lo atropelle.

Estaba en cuclillas mirando una de las marcas de llanta más cercanas al árbol, cuando sintió que su nuca se erizaba. Volteo rápidamente y solo logro divisar una rápida sombra esconderse tras un árbol lejano. Se levanto de inmediato y se quedo fijo en ese punto, detectando cualquier movimiento ajeno al panorama, cuando de nuevo los vellos de su cuello se levantaron en señal de alerta. Viro la mirada otra vez y la misma sombra se escondió ahora detrás de una enorme roca. Empezaba a espantarse, pero decidió seguir observando. Camino lentamente hacia la roca gigante y esta vez su mirada no fallo ni su nuca se erizo, vio claramente como una sombra corrió por detrás de la roca y se incorporo al roble en pedazos. Quedo petrificado, ante él un fantasma había dejado verse y con movimientos lentos pudo identificar parte de la identidad de aquel ente extraño. Notó que la sombra portaba el espectral reflejo de una sudadera azul profundo, con un bordado muy particular. Algo que solo él y alguien más compartían en la vida, un emblema propio, un sello único: la silueta de un cuervo sobre una rama marchita.

Israel no supo cómo reaccionar ante tal momento, se detuvo y miro hacia todas partes, la noche empezaba a entrar y la milla 696 comenzaba a oscurecer. Busco dentro de su cabeza aturdida una respuesta lógica a los hechos, pero estaba tan espantado que no supo si correr gritando o caminar lenta y pacíficamente, como si nada hubiera pasado. Comenzó a dar pasos hacia atrás, caminando de espaldas y observando el tétrico roble en ruinas. Su miedo lo controlo y casi a galope salió corriendo de aquella calle desierta. Casi sin aliento estaba y la oscuridad lo abrigaba, cuando de nuevo, su nuca se erizo. Un nuevo temor volvió a apoderarse de él e inconscientemente corrió aun más rápido y más fuerte. Sentía que alguien lo perseguía, volteaba a cada momento a mirar su retaguardia, pero anda veía. Miraba hacia los lados, hacia abajo y hacia arriba, pero solo se encontraba. Encontró el sendero en la colina por la cual llego y rodeado de arboles, sintió la mirada de aquellos mudos testigos que lo acusaban sin razón alguna. Ramas golpeaban su rostro y rocas detenían sus pasos, todos estaban conspirando en su contra y cuando pensó estar más espantado que nunca, de nuevo la voz de su oficina lo encontró:

- VEN-GAN-ZA.- fue todo lo que Israel escucho.

Se desmayó. Quedo tirado en medio de aquel bosque en la colina. La lluvia volvió a mostrarse majestuosa sobre él, y la noche se poso dictadora en los cielos, las estrellas dominaron las copas de los árboles y espectral cortina blanca cubrió los suelos. Israel despertó de su inconsciencia, se dio cuenta de que había desvanecido en aquel olvidado sendero. Su cabeza dolía y sangre cuajada en ella tenía. Lodo en su boca palpaba y con la manga mojada se limpio los dientes. Levantándose de la tierra húmeda, miro a su alrededor; de noche el sendero era engañoso y no sabía hacia dónde ir. Pensó que su mente lo torturaba otra vez, y a la distancia empezó a notar como la niebla se surcaba y partía, como si alguien pasara por en medio de ella, pera nadie mas había allí. Ignoro lo sucedido y a paso veloz, comenzó atravesar el bosque, camino por donde su memoria le recordaba. Un árbol aquí, una roca allá. Dos ramas quebradas y musgo en aquel tronco, imágenes que recordaba de su llegada al lugar. Las luces de autos transitando la avenida principal empezaban a distinguirse entre el montón de hojas y ramas, la lluvia había cesado. Estaba a punto de salir de entre toda la maleza del bosque cuando su panorama se nublo y como si una densa capa de gas gris lo cubriera, aquellas luces desaparecieron y un aire helado lo envolvió. Israel sintió más miedo que nunca, su sentido de alerta disparo sus niveles de adrenalina y todo el estaba a la defensiva. Una silueta igual de alta que él comenzó a surcarse entre aquella niebla fría y por primera vez, pudo ver el cuerpo de su espectral perseguidor. Estuvo a punto de desvanecerse de nuevo, pero sus ansias eran tan grandes que, no lo dejaron escapar esta vez. De entre la niebla, los arboles comenzaban a tomar formas humanoides, garras formaban sus ramas e iluminados por una tétrica luz ámbar, los agujeros de sus troncos formaban ojos que lo acechaban. Cabelleras de lianas negras caían sobre sus hombros y miles de murciélagos orbitaban las copas de aquellos arboles, como formando un techo de carnívoros guardianes que vigilaban a la alterada presa del miedo desde el cielo. Las hojas secas en el suelo comenzaron a crujir, como si el peso de un cuerpo dejara caer sobre ellas todo su furor, pero nadie había ahí. Solo estaba Israel. Su cuerpo comenzó a paralizar y sus piernas no respondieron a sus órdenes, sus brazos ignoraban su fuerza y solo pudo abrazar su cuerpo indefenso para sentirse un poco más seguro. Fue entonces cuando el fantasma del roble destrozado se presento y con una voz muy familiar llamo por su nombre a nuestro petrificado ser vivo: 

-IS-RA-EL. ISRA-EL. ISRAEL, porque huyes de mi, viejo amigo.-

Israel identifico de inmediato la voz que emitía la sombra, era la voz del más allá la que le hablaba. Una voz que lo penetraba y por fin el rostro fantasmagórico del ente que lo torturaba se hizo visible. Era su viejo amigo, el muerto de la milla 696.

Era Vladimir quien le hablaba, esa noche helada.

sábado, 13 de octubre de 2012

Naufragio de Media Noche.



- Desperté.
Mi cuerpo rígido y mojado estaba tirado a la orilla de la playa. Las olas me cubrían con su espuma, cual sabanas de algodón.
Desperté.

Me encontraba perdido, no sabía dónde estaba y no entendía que había pasado. Mis ropas rasgadas y mi cara quemada me indicaban que hacía ya mucho tiempo per naci en el mar. Naufrago. Víctima de una catástrofe. El barcón donde viajaba, se dispuso a la merced de la tormenta sin piedad que lo encontró; sin rumbo fijo y a azote del viento, el casco colapso y el agua poco a poco fue adentrándose en el hasta consumir el último suspiro de oxigeno dentro de él. Hasta abrazarlo por completo.
Levante la mirada, el cielo negro que me vigilaba por doquier; las estrellas que titilaban sin cesar y la luna, esa luna llena y hermosa. Todo me indicaba que estaba a deriva, postrado en una playa virgen y desierta. Había arboles en aquella playa solitaria, eran extraños, raros y peculiares arboles que jamás había visto antes. Sus copas sin techo y sus hojas largas y rasgadas, eran nuevas para mía; las bolas, unas cosas redondas y peludas que parecían rocas, colgaban de aquellos arboles. Eran tan extraños.
Me levante del agua, examine cada centímetro de mi cuerpo, observe con detalle mi alrededor y verifique si había existencia de algún detalle humano en el panorama, pero nada había, todo era mar, arena y plantas.

Camine a lo largo de la playa, buscando algo que me dejara ver la presencia del humano o su simple huella en alguna roca o árbol. Camine aproximadamente media hora y tope con algo, una cueva.
La formación rocosa era peculiar, bastante grande y el eco de mi nombre al gritar, se escuchaba a lo largo de todo el túnel de estalactitas y estalagmitas seis veces. No sabía si era seguro entrar, pero tampoco quería quedarme afuera a la deriva de cualquier cosa. Me arme de valor y mis pies comenzaron a avanzar. Camine entre aquella oscuridad inmensa, conforme me alejaba la luz tenue de la luna llena comenzaba a desaparecer. No sabía qué diablos estaba haciendo, solamente me dejaba llevar por mi instinto y mi corazonada poco lógica. Camine y camine entre los picos de rocas húmeda que me rodeaban cuando pise algo, una especie de bolita de pelos que comenzó a titilar una luz fuerte y suave a la vez, intensa y tenue al mismo tiempo Tuve miedo, me sentí inseguro pero aun así no huí. No sé qué rayos era, jamás había yo visto algo semejante. No era ni chica ni grande, tampoco era un bichito. Tenía el tamaño de un ratón, pero era más grande que una de esas orugas gordas y verdes que crecen en la primavera, era extraña y el más raro, brillaba. El ritmo de su pulso era lento, pausado y tenue; pero de repente comenzó a acelerarse y fue creciendo su brillo e intensidad hasta llegar a un punto en que la luz se volvió tan fuerte que me cegó unos segundos. Me cubrí los ojos con ambas manos y los frote para recuperar la vista, según yo, más rápidamente.

Cuando volví a abrirlos, la bolita de pelos plateados y dorados comenzó a actuar de forma extraña. Su luz se quedo estática y toda la cueva se ilumino, entonces, de la nada su luz se extinguió. Quede a oscuras, una vez más. Pero poco a poco, tenues destellos comenzaron a aparecer en toda la cueva. Más bolitas peludas comenzaban a brillar. Bichitos, ratones, ALIENS. No sé qué cosas eran, pero sus colores eran muchos. Había rojos y azules, verdes y amarillos. Sobresaliera colores que no había visto antes, colores nuevos que jamás conocí.
Mi sangre comenzó a correr por mis venas tan rápido que me sentí a reventar. Mi miedo creció en gran manera, quería correr y salir de ese lugar, pero no lo hice. Quise gritar por ayuda, pero hubiera sido inútil. Así que solo me quede ahí, estático y respirando aceleradamente. A le expectativa de que algo extraño me sucediera. La bolita que pise comenzó a flotar o a volar o a hacer algo que no sé como describir. No había nada que la sostuviera debajo y tampoco algo que la levantara. Comenzó a moverse de forma irregular, daba vueltas alocadas y zigzagueaba de un lado al otro sin control. La cueva parecía un arco iris, muchos colores la iluminaban. La bolita que se movía locamente se alzo de forma hiperactiva hasta el techo de puntas, se sostuvo ahí por un momento y luego bajo hasta la altura de mis ojos. Pude ver algo grandioso y escalofriante al mismo tiempo. La bolita se TRANSFORMO.
Los pelos plateados y dorados que la cubrían, comenzaron a moverse hacia la parte de arriba de ella. El color que tenían cambio aceleradamente a uno oscuro. Colores Negro, Morado y un Azul Índigo conformaban aquellas membranas de cabello. Eran hermosos. Comenzaron a formarse manos, pies, brazos y piernas. Aquella bola de pelo ya tenía más bien una forma humanoide, extraña pero hermosa, dentro de un cuerpo tan pequeño. Una cara muy fina comenzó a formarse. Grandes ojos morados, pestañas largas y curvas, una nariz perfectamente perfilada y labios tan rojos sobre una piel perfectamente blanca y hermosa. Era más bien parecido a una mujer muy chiquita. Senos se formaron en su pecho y una cintura abrazo su tronco. Una dama blanca y hermosa apareció ante mis ojos.
Alzo la mano y con su diminuto dedo, me indico que la siguiera a través de la cueva. No sabía si hacerlo o NO. Este ser hermoso era absolutamente extraño. Había leído en la biblioteca de mi cuidad sobre algo como ellas, les llamaban HADAS, y no siempre hacían referencia en los libros sobre su bondad; más bien te advertían de alejarte de ellas lo mas que pudieras. Pero no lo hice, su encanto me hipnotizo y sus ojos me sedujeron, y no me dejaron más salida que seguirla. No quería hacerlo, pero mis pies no obedecían las órdenes que mi subconsciente les ordenaba.
Camine tras ella, flotaba frente a mí, pero no tenia alas y nada que la sostuviera en la atmosfera. Conforme avanzábamos, la gama de colores y de bolitas peludas titilantes se encendía delante de nosotros y se apagaban detrás de mí, dejándome ver la realidad de oscuridad que me envolvía dentro de aquel húmedo hueco en la tierra. Caminamos a lo largo de aquel túnel que parecía no tener fin, por momentos era el hueco era enorme, tanto que no podía ver el techo y por otros el espacio era tan estrecho que tenía que agacharme y casi gatear para poder pasar.
Llegamos a un tope, sin salida dentro de la cueva. Me encontré en una recamara nueva, una cueva singular. Delante de mí yacía algo parecido a un mini lago, un cuerpo de agua que era custodiado por un muro y techo de roca, que dejaba proyectar la luz de la Luna llena por un orificio lo suficientemente grande, sobre una roca dentro del agua.
La dama de blanco, floto sobre las aguas y se poso sobre la roca que permanecía en medio. La luz de la Luna la cubría de forma tan bellamente misteriosa que me arranco un suspiro. Su cuerpo comenzó a destilar un brillo feroz. Destellos de polvos la envolvía y la luz cada vez fue más fuerte, creció tanto y tan rápido que me dejo ciego por un minuto. Mis manos intentaron proteger mi ojos de aquella luz pura, frotaron mis corneas con la esperanza inútil de devolver a ellas la vista. Cuando regreso a mí el sentido, pude ver lo que sucedió. Aquella mujercita pequeña, ahora era una dama digan, una mujer tan bella, tan hermosa. Sus cabellos negros, morados y azules brillaban al ritmo de la luz lunar. A su alrededor, plantas y flores que nunca antes había conocido, una especie de helechos que se enrollaban en las paredes de roca y que brotaban del agua aparecían, lirios que jamás había visto y algo singular y espeluznante también. Luces de colores que brotaban de ellos.
Las bolitas de pelo que eran como el arco iris comenzaban a salir de entre las flores y helechos de la cueva, pero ya no eran más bolitas, ahora tenían forma. Precian humanos, humanos diminutos, pero en parte diferente. Sus pieles eran de colores, había rojos, amarillos y azules. Rosados, morados y negros, bueno más bien eran cafés. Aparecieron otros que se adornaban con colores que en mi vida había divisado o que la paleta de la gama que yo conocía no tenía en su contenido; se me acercaron sigilosa y precavidamente, me inspeccionaron de pies a cabeza mientras reían como niños traviesos y curiosos. Sus rostros infantiles me roderón y me sonrieron con alegría. No sabía qué hacer, si quedarme ahí quieto y dejarlas que juguetearan con mis cabellos o tocarlas. Me atreví a hacer lo segundo y extendí la mano a una de ellas. De inmediato todas saltaron lejos de mis, se escondieron entre la hojas y en las flores ¡me sorprendí! Ahora que hacía, me quede estático y poco a poco salieron de nuevo. Sus risas traviesas regresaron y me roderón una vez más. Una de ellas tomo mi dedo índice con su mano, una mano tan diminuta que mi pequeño dedo era gigante sobre su palma. Me guiaron al agua y de ella rocas de colores nuevos aparecieron. Había amarillas, verdes y moradas; pero todas cubiertas con una especia de musgo dorado y plateado que las hacia brillar a la luz de la Luna.
Camine sobre ellas y llegue hasta la roca gigante dentro del agua, a lado de la dama blanca. Me acerque temeroso, ella me ofreció la mano y acerco sus labios a mi oreja. Me canto un cantico nuevo, en un idioma que no entendí. Me susurro palabras que no conocía y por ultimo dijo mi nombre "Deinel".
Cerré los ojos, me deje envolver por su hermosa voz y sus encantadoras palabras, pero de repente todo quedo en silencio. TODO. Abrí mis ojos y lo que observe me dejo pasmado. Alrededor mío NO había NADA. Solo estaba Yo, La Cueva y El Agua. Solo eso, nada más. Me espante, de verdad me espante. No sabía que sucedió. Acaso soñé despierto, o es que estoy delirando. Mis pensamientos no eran claros y lo primero que mi mente pudo deducir fue "HAMBRE". TENGO HAMBRE, pensé. Sí, eso debió ser; mi hambre de cerdo. Naufrago, casi desnudo y sin rumbo fijo que mas podría decirme la lógica; entre a este lugar en busca de algo y en vez de eso mi mente jugo conmigo ¡DESGRACIA! Estoy perdido, medio loco y hambriento. Mi destino es una verdadera burla.
Salí como pude de esa oscuridad, que solo era iluminada por un destello lunar de un hoyó en medio de un techo casi a colapsar. Salte de roca en roca y camine por un túnel casi indivisible.
Llegue a la playa, mis tripas sonaban tan fuerte que no me dejaban razonar con precisión lo que paso. "MI MENTE ME JUGO UNA MALA", pensé. Afuera, volví mi mirada hacia las cosas peludas y redondas que colgaban de aquellos raros árboles, no estaba seguro de que fuera o que tenían, pero mi hambre era más fuerte que mi razonamiento. Así que sin pensarlo tanto, lance rocas a esas cosas para bajar uno. Mi puntería dio sus frutos y uno de aquellos raros especímenes cayó al suelo, lo cogí y lo examine cuidadosamente. Era de un color, como decirlo, amarillezco y verdoso. Algo no muy apetecible, su cascara era lisa y te recordaba a un mango o un banano. Tome un respiro hondo y largo, me arme de valor y le di el primer mordisco. Total podían pasar solo dos cosas, o me envenenaba experimentando con esto o bien, saciaba mi asquerosa y bestial hambre de puerco. "ÑAM" el primer mordisco fue, comenzó a masticar aquellas cosa, el sabor de lo que se que fuera lo que me metí al hocico, era amargo. Demasiado amargo, desagradable en realidad, pero poco a poco se fue volviendo dulce, tan dulce que... ¡WAKALA! Me empalago tanto que lo escupí. "¡QUE CLASE DE FRUTA MAS RARA ES ESTA!" grite. No sabía si seguir comiéndomela o dejarla hasta ahí. Pero que mas podría hacer, tenía que intentarlo. Di otra mordida, esta vez la consistencia de aquello era más bien fibrosa, mordí y mordí hasta cansar mi mandíbula, cuando se me ocurrió intentar algo nuevo. Baje una de aquellos que parecían peludos, cuando callo lo examine, se veía café o negro, la verdad no se con esta oscuridad, busque una piedra y lo golpee contra ella. Quince golpes en total, el fruto se abrió y pude ver lo que tenia dentro. Una cámara hueca, con algo asqueroso que parecía carnaza o algún fluido que era marrón y apestaba ya. Temía que eso fuera a haber dentro de mi fruto amarillezco, pero luego mi lógica me dijo que este otro ya estaba podrido, así que todavía tenía esperanza. Tome mi fruto y note que se podía pelar, encontró una concha con borde filoso y lo pele con ella. Fue demasiado sencillo y una vez terminado, vi mi producto final. Una bola con pelos, o una pelota o una cabeza, no sé qué rayos. Agite el fruto y dentro sonaba agua, ¡AGUA! Qué clase de fruta marciana tiene agua dentro. Por lo regular tienen carne o son soladas, no tienen agua. Divise en medio de la oscuridad que la bola café tenía unos puntitos blando, con la concha abrí uno de ellas y efectivamente, agua salió de la fruta. "BUENO, SI NO ME ENVENENA Y ME MATA, ALMENOS ME QUITARA LA SED" pensé. Lleve el orificio a mis labios y casi en seguida, justo cuando el liquido toco mis dos resecos pedazos de carne, mi boca tuvo un orgasmo de placer. Un éxtasis recorrió todo mi cuerpo y una sensación increíble me invadió. El fruto era absolutamente delicioso, un sabor único, entre salado y dulce, refrescante en toda manera. Sin pensarlo dos veces baje más de aquellos frutos, los pele y me tome su agua. Seis frutos peludos me acoracen aquella noche. Forme una especie de bolsa con las hojas de aquellos arboles y puse dentro las bolitas que quedaron vacías. Decidí caminar por la orilla de la playa, ya que era más seguro encontrar aunque sea un cangrejo que me devore ahí, para a completar mi cena. Camine y camine alrededor de dos horas, hasta que logre ver algo parecido a una choza. Estaba formada por maderas muy juntas y muchas hojas que formaban su techo. Corrí con autentica desesperación, por fin, presencia humana. ¡ESTOY SALVADO! Pero cuál fue mi gran chasco, que cuando llegue no había nadie y nada, más que la choza y algo que parecían tazas formadas con los frutos que me cene. CHASCO. "ALMENOS ME SERVIRA PARA DORMIR HOY" pensé. Así que me quede, me recosté y me deje llevar por el place del sueño.
A la mañana siguiente desperté por un ruido poco usual que me activo de inmediato. Dormí tan profundamente que no recuerdo ni que soñé, pero ese ruido fue muy preciso. Alce mi mirada, las nubes eran de un todo rosado, el cielo, no parecía cielo, no como el normal que siempre vemos; este era naranja y el sol no te lastimaba si lo veías fijamente. Pero algo en agua fue lo que robo mi atencion, una silueta que me observaba a la distancia. Cabellos largos y dorados cubrían la mitad de un rostro que solo dejaba ver los hombros.
Mi razón tomo de nuevo dominio sobre mí y reaccione de inmediato, una persona ¡UN HUMANO EN MEDIO DE ESTE CAOS! Salte del suelo de inmediato, pero tan pronto como hice eso, la figura que parecía una mujer se sumergió en el agua. "¡HEY NO HUYAS, ESPERA!" la desesperación de mi voz era única y autentica. Pero la mujer no salió, me senté en la arena a esperar a que algo sucediera, a que ella salir. Una persona no puede permanecer tanto tiempo bajo en agua, es imposible. Pero nada salió del mar y este incidente me hizo recordar lo que paso ayer. En realidad paso, acaso no fue solo un sueño.
Mis preguntas eran demasiadas. Recordé la cueva y me decidí a ir en su búsqueda. Abandone mi campamento improvisado y recorrí la playa. Camine y camine hasta encontrarla. Esta vez no tuve miedo, al contrario, quería ver de nuevo a los bichitos brillantes de colores.
Entre a la cueva pero algo me sorprendió, NO ERA LA CUEVA DE AYER. Esta era mas pequeña, de la anoche era inmensa y profunda. En esta podía ver el fondo a simple vista. Acaso todo fue mi imaginación, acaso lo que me paso no fue real. ¡NO, SI LO FUE! Mi mirada se dirigió al espacio, mi pensar viajo a distancias infinitas y mi mente se perdió en el universo de mis dudas. De nuevo el sonido en el agua, el que me despertó. Voltio rápidamente la mirada y ahí estaba, observándome fijamente. Pude ver sus ojos Verdes cual Esmeralda. Era la mujer de hace un momento
Ella me observaba desde las aguas turquesas de aquella playa desierta. Me quede impávido y mi ojos inmersos en ella, se perdieron en su belleza.


*Zvezda Sanjac & Jägare Stjärnor

miércoles, 10 de octubre de 2012

El Adiós de un Amigo





Hola.

Permítanme presentarme, mi nombre es uno de los más comunes que existen en este planeta. Es tan común que simplemente escribirlo me haría pasar invisiblemente entre los demás, pero esta vez no se los diré. Me haré llamar "G". Actualmente soy un joven de 20 años, vivo en una ciudad muy concurrida y famosa en el mundo. Una ciudad considerada privilegiada y rica. Una de las más ricas en mi país en cuanto a su negocio se trata. Pero esta historia no es tanto mía, sino más bien de mi amigo, mi mejor amigo. Mi acompañante incondicional, mi guardián en las noches y mi consuelo en mis temores. 

Mi amigo es un ser singular, no camina en dos pies y tampoco es lampiño como yo. Su cuerpo está recubierto por una gruesa capa de cabello blanco, pero tampoco es un anciano. Su rostro es muy infantil y alegre. Mi amigo, cuando tiene calor acostumbra sacar la lengua para refrescarse, jadea sin cesar y le gusta mucho jugar con pelotas de colores, pelotas saltarinas y peluches mercadologicemante creados, que representan dibujos animados de años pasados, para ser específicos de una serie muy popular en los 80´s; Scooby-Doo. Ese juguetito que tanto le gusta a mi amigo, su juguete personal.
Pero mi fiel compañero no siempre fue mío. Déjenme contarles como lo traje a mi vida y como la vida me lo arranco de los brazos.

Soy universitario, actualmente llevo dos años de estudio. Antes de todo este rollo de situaciones, yo tenía otro amigo que igual ame, pero que un ser despiadado se llevo solo así porque si. Mi amigo se llamaba "Rex" y era negro como la noche. Compartíamos un lazo muy único; ambos éramos de cabellos rizados. "Jajá", que chiste de vida. Dicen que todo se parece a su dueño y en nuestro caso la cosa era simplemente congruente. Rex se perdió, una tarde mi padre salió de la casa con la camioneta que tiraba de un remolque. Desafortunadamente, Rex descansaba sobre ese remolque y nadie se dio cuenta de ello, así que mi padre se fue y no noto ese detalle. Pasadas unas horas nos dimos cuenta de la desgracia, pero ya era muy tarde. Rex se había perdido.

Lo buscamos desesperadamente por días, preguntábamos a personas en la calle pero nadie nos daba respuesta. La casa quedo triste por unas semanas, mi madre calló en un luto desesperado. Su llanto invadía la casa a cada momento, ella AMABA a ese perro.

Ocurrió que un día en la universidad, una de mis compañeras hizo una propuesta algo fantasiosa, comenzó a ofrecer en adopción un perrito. Un maltes, que ya no podía atender. Se lo ofreció a muchos de mis compañeros de clase, pero nadie se veía interesado; nadie excepto yo. Por último, me acerque a ella y le pregunte sobre su oferta. Era real. Acordamos mostrárselo a mis padres por medio de una página de red social, mis padres (en especial mi madre) vieron las fotos del can y quedaron enamorados de él al instante. Sin esperar más, me llevaron a la camioneta y emprendimos el viaje a casa de mi compañera.

Quince minutos. Eso fue lo que tardamos en llegar al lugar. Una vez ahí, mi compañera salió con el animalito en brazos. Era HERMOSO. Braco cual nieve, sus orejas bicolores, una color caramelo y la otra blanquita o más bien un poco moteada. Me lo ofreció, se despidió de él y me hizo comprometerme a cuidarlo siempre. Me había hecho YO el amigo directo de ese ser vivo. Era tan chiquito. Sus patitas recogidas sobre su cuerpo demostraban cierto temor, su carita desconcertada me indicaba que estaba en PÁNICO. Lo abrase y lo lleve al carro. Me despedí de mi compañera y se lo ofrecí a mi madre. Una avalancha de abrazos, caricias y palabras bonitas colapsaron sobre el Can. PÁNFILO, dije. "Pánfilo es su nombre mamá", tiernas palabras salían de la boca de mi madre, parecía que le hablaba a un bebé y en efecto si lo era. El cachorro tenía apenas tres meses, un bebe grande en realidad porque ya tenía cierto tamaño.

Llegamos a la casa, le asignamos un lugar cerca de los cuartos, lo alimentamos y lo dejamos dormir. Fue algo así como un consuelo dentro de la tormenta que vivimos en ese momento. 
Jamás olvide a Rex. Nunca sabré que paso con él, pero jamás se borro de mi memoria. Por otro lado, Pánfilo era un ser angelical. Juguetón como cualquier niño, travieso y desastroso. Tierno a su manera y un caos a la vez. Era un cachorro vivaz y feliz, y lo más importante. Era MÍO. MI AMIGO.
Así pasaron los días, las semanas y los meses, hasta que llego su primer cumpleaños en la casa. 
Fue un 17 de julio del 2011 cuando le "celebramos" sus primeras primaveras, le compramos comida especial, golosinas y uno que otro juguete, aunque el prefería siempre jugar con su peluche de Scooby-Doo.
Fuimos al parque ese día, lo recuerdo. Jugué con él con las pelotas que tenia, las tiraba y él me las tria. Era mágico pasar ratos con ese perrito.

Por las mañanas él era mi despertador, se tiraba sobre mi cama y una lluvia de lamidas y baba inundaba mi cara. Era lindo ser despertado por él, jamás lo olvidare.
Acostumbraba dejarlo dormir de vez en cuando en mi cama, aunque siempre se iba a mitad de la noche, me sentía seguro con él a mi lado. Así pasaron otros 6 meses cuando un día un nuevo integrante llego a la casa. "Huch".

Huch es el perro de mi hermano, un Bulterrier Stamford color café y de ojos verdes. Un perro igual de hermoso, pero un verdadero DESASTRE. Mi egoísta y celoso Pánfilo, no lo acepto del todo. 
Siempre quería imponer su autoridad sobre Huch, como el nuevo apenas era un cachorro y el viejo ya tenía su edad, los roles se fijaron y Pánfilo tomo el lugar de hermano mayor. El Líder de la manada de dos que había en mi casa.

Él siempre tenía el derecho de comer primero, aunque les serbia sus alimentos a ambos al mismo tiempo, Huch siempre le permitía comer antes. Jugaban juntos, pero el celoso de mi Pánfilo todo el tiempo quería ganar, el despertar matutino se torno un caos, ya que ambos querían lamerme la cara como si esta fuera una fuente de miel o alguna golosina perruna. Jajá.
Pero las cosas se fueron calmando, Huch fue creciendo y Pánfilo junto a él. Pasaron los días, las semanas y los meses. Dos años ya tenía mi Amigo. DOS AÑOS. Jamás olvidare esa edad. Fue una tarde de Abril cuando todo comenzó
Me disponía a dormir y deje a Pánfilo fuera de mi cuarto. Mi madre tiene la costumbre de levantarse a media madrugada a verificar que estemos bien (costumbres de madres, ellas siempre nos verán cómo sus bebés gigantes), cuando encontró a un enorme escorpión fuera del baño. Se asusto demasiado y a punta de zapatazos mato al insecto. Al día siguiente, note a pánfilo un poco extraño. Su nariz estaba reseca y estaba algo caliente. Supuse que fue picado por el insecto, así que lo lleve al Vet y este le administro antibióticos para curarle el mal. PROBLEMA RESUELTO. Las cosas estaban bien, ya no había peligro que correr en este día.

Volví a casa, pánfilo estaba mejor, jugaba como de costumbre. Comía bastante bien y se peleaba, como de costumbre, con Huch por la atención y los cariños. CELOSO PERRO.

Así pasaros tres días, cuando un nuevo síntoma apareció en mi Amigo. Esta vez, su pequeña boquita temblaba muy lenta y casi invisiblemente. Yo creí que jadeaba, así que NO le tome más atención. El estaba normal, hacia lo de siempre y se veía alegre, sano y fuerte. No me alarme. Pero cuál fue mi desdicha. Mis desgracia y mi condena por no haber notado los síntomas de lo que venía en camino.
Seguí con mi vida universitaria, de mañana asistía a mis clases, de tarde llegaba a casa. Me tomaba dos o tres horas en el gimnasio, hacia tareas, jugaba con mis mascotas y me daba el tiempo de acariciar a mi Amigo. Fue en ente último momento cuando note la gravedad de la situación. Habían pasado ya tres semanas desde el incidente del escorpión en el baño, y la mandíbula de mi Pánfilo empeoraba cada vez más. EL tic nervioso que lo hacía NO descansar era cada vez más agresivo. ME ESPANTE. ME ASUSTE. TUVE MIEDO. ¡Que era lo que le pasaba a mi mascota! Acudí a mi madre para darle aviso de la situación, ella me dijo que no había notado ese detalle en mi Amigo, creyó que tenía calor siempre. Y si, tenía calor y un tic extraño. Acudimos al Vet al día siguiente, las palabras que escuche esa tarde fueron la sentencia de mi vida. Mi amado Amigo, mi Guardián de la noche, el Cuidador de mis sueños estaba más que enfermo. Teína una extraña enfermedad perruna, un virus mortal que lo ataco brutalmente, pero que NO lo mato por su sana condición.

MOQUILLO. Esas letras, esa palabra en específico me perseguirá por el resto de mi vida. "Moquillo", esa fue la sentencia del Medico Vet, nos aconsejo dormirlo porque sufriría en demasía en un futuro no my lejano, pero mis sentimiento y mi amor a é me hicieron darle una bofetada verbal al médico y me negué a hacerlo. Tome a mi Amigo, a mi mascota de la camilla y salí del lugar. Molesto, indagando y con una impotencia tremenda. Mi madre se despidió del Doctor, el comprendió mi reacción, pero mantuvo su veredicto y le dio fecha de muerte a mi compañero incondicional.

Llegaron las vacaciones, Pánfilo no mejoraba, pero al menos estaba activo y un tanto feliz. Aproveche todo el tiempo que pude con él. Jugamos mucho y salíamos a la calle a pasear, lo hacía correr con la esperanza inútil de así mejorar su situación. Pero no mejoraba, al contrario, todo iba de mal en peor, mi mundo con mi perro se colapsaba a cada segundo, poco a poco.

Las clases volvieron a su ritmo y a su normalidad. Para este momento, mi amigo ya estaba muy decaído. Buscaba mi compañía a cada segundo y me dolía en el alma no estar con él cuando me necesitaba de verdad. En serio me DOLIO no poder darle más abrazos de los que merecía, mas besos de los que normalmente le daría, mas caricias que le demostraran lo mucho que lo amaba. Me rasgo el alma no poder estar mucho tiempo a su lado, cantándole canciones que hablaran de nosotros dos, contándole historias que lo hicieran relajarse con mi voz. Pasear por los parques cercanos a mi casa y recostarnos en el césped verde mientras mirábamos el cielo o jugábamos con algún tronco seco.

Mi amigo se fue debilitando poco a poco, lentamente. El tic de su mandíbula se había esparcido por caso todo su cuerpo. La mitad de él. Su patita izquierda ya no era más de él, su voluntad sobre ella no era más que un simple pensamiento que no podía ser mandado como una orden. El virus que lo agobiaba se adueño de todo su ser y sus ganas de vivir se iban apagando poco a poco.
Consulte muchas fuentes que me dieran la esperanza de curar su mal. Pero cuál fue mi chasco que ninguna me daba esperanza alguna. NINGUNA. 

Al parecer el Medico tenía razón y dormirlo sería lo mejor para él.
Ya no tenía más fuerza mi Amado Amigo. Su patita mala perdía poder, cojeaba con dificultad al caminar. Se cansaba con solo dar seis pasos. Mi alma no sabía como reaccionar y mi razón no determina que hacer. 
Oré muchas veces pidiendo por su bien, platique con Dios para que le quitara este mal a mi pequeño Gran Amigo. Siempre dije que su voluntad era sabia, y si él en su infinita gracia y sabiduría sabia que dejar vivir al Can era lo mejor, me sentiría inmensamente feliz por ello, pero también le dije en oración que si su voluntad era llevarlo, no objetaría ante eso.

Platique con mi hermano NO carnal sobre esto, mi alma gemela entre muchos otros en el mundo. Llore junto a él, por la indignada impotencia que sentía al no poder hacer nada.
Comente esto con otros amigos de la universidad, cada quien me daba su punto de vista y lo que pensaba de dormir a un ser vivo. 

Recuerdo que me encerraba a veces en mi cuarto y dejaba brotar las fuentes de mi ser. Permitía a las cataratas de mi alma desembocarse sin impedimento alguno por mis ojos. Sollozaba en silencio mi pena y por fin tome una decisión.

NO PERMITIRIA DEJAR SUFRIR MÁS A MI AMIGO.
Así que acorde con mis padres que lo llevaran a descansar. Que le permitieran dormir en paz de una buena vez, para que no siguiera sufriendo cada vez más.

A la mañana siguiente de haber tomado mi maldita decisión, me levante tarde. No asistí a mi primera clase del día, y en lugar de eso abrase sin medida a mi Mejor Amigo. Llore sobre sus cabellos blancos, le dije cuanto lo amaba, cuanto lo quería y lo mucho que me haría falta cuando no estuviera mas aquí. Lo acaricie muchas veces, lo bese muchas veces, lo pegue a mi pecho por largo tiempo y finalmente me tuve que detener. Mi tiempo no era suficiente y la escuela me esperaba. Las malditas responsabilidades que tenía que cubrir, aquellas que eran necesarias y que por lo regular no me quejaba de hacer, pero esta vez no quiera saber nada de ellas. NADA DE NADA. Tuve que despedirme de mi Amigo una vez más.
Lo recosté en el suelo, sobre una mantita que le tenía separada. Me miro con ojos tiernos, que suplicaban "NO ME DEJES"; esos ojos negros que me clavaron una daga en el alma. Que me desgarraron mi corazón y que me dejaron con un nudo en la garganta. No pude hacer nada más que abrazarlo de nuevo, besarlo y acariciarlo. Despedirme de él, e irme lenta y pesadamente de mi casa.

Estando en la escuela, llore. Llore tanto y tan amargamente que mis ojos se hincharon. Deje fluir mis sentimientos sin medida alguna. Me escondí de toda mirada curiosa y de cualquier ojo crítico. Llore, solo LLORE.

Una de mis mejores amigas noto mi pueda, me brindó su consuelo y me abrazo mientras no dejaba de sollozar mi llanto. Así paso aquel día, un día pesado. Pero cuál fue mi sorpresa que al regresar a casa, mi amigo aun seguía ahí. Esta vez con una luz más brillante en su mirada.

Mis padres me explicaron lo sucedido en la clínica. Lo llevaron a su destino, pero ambos (y mas mi mamá) lloraron tan amargamente frente a él, que en un intento de consolarlos, mi pequeño Pánfilo se acurruco en el regazo de mi madre, alzo su mirada hacia ella y con unos ojos penetrantes, la miro. La observo y en su silencio suplico por su vida. Mía madre se desgarro el alma, su corazón no resistió tal acto y se negaron a dormirlo. De nuevo llore, pero esta vez de alergia, una alergia momentánea, pero efectiva. Abrace a mi amigo y de nuevo lo bese y acaricie.

Salimos a la calle a caminar, lo lleve al parque a que se distrajera un rato y regresamos a casa. Así estuve un mes más con él, hasta que las cosas de nuevo, volvieron a empeorar.

Era jueves de noche. Llegaba de mis prácticas profesionales a mi casa, mi familia ya dormía y al entrar lo primero que pensé fue "DONDE ESTA MI PÁNFILO". Lo busque, pero cuál fue mi sorpresa que lo encentre tirado y débil en medio de la cocina, lo levante del suelo, pero su cuerpo no reaccionaba debidamente. Sus fuerzas ya no daban para más y mi corazón sinceramente sintió pena y tristeza. Angustia y bastante coraje. Era algo injusto. Perros callejeros que se exponen a todo tipo de mal, de virus y enfermedad, permanecen vivos en la calle y mi amigo, mi mascota a la cual cuidaba con celo, le pasaba lo que para ellos debía de ser normal. INJUSTO.

Mi coraje y mi impotencia. Mi miedo y tristeza me hacían sentir estúpido, débil y sin el poder de ayudarlo.
Pero las cosas así son, su momento había llegado y su fuerza ya no resistiría más. Fue así como el sábado, este sábado, decidí darle paz a su alma. Terminar con su dolor y beberme ese trago amargo de experimentar la muerte de un ser amado.

Citamos con el médico el suceso. Tome a mi amigo en brazos, los sostuve contra mi pecho y llore en silencio mientras manejaba a la muerte segura. Una vez llegando a la clínica, el aroma a cloroformo y medicinas me asqueo. La mirada de mi pequeño amigo era perdida, ¡QUE DOLOR SENTI! Lo acosté sobre la camilla, sostuve su cabecita peluda y la inyección fue puesta. Lo acaricie mientras su vista se perdía cada vez más. Lloraba sin medida, mientras el veneno entraba cada vez m as rápido a su cuerpo. Lloraba, lagrimaba y me maldecía por dentro.

Por fin todo acabo.

El adiós de mi mejor amigo se materializo. Ese destino que no podía evitar. Ese dolor que sabría que llegaría, pero del cual tenía miedo a experimentar.


La vida es relativamente corta, mi vida con mi amigo fue única. Jamás olvidare a este ángel que me hizo pasar momento muy divertidos. Que me amo como nadie más lo hará, sin condición. Quien salía a saludarme primero que nadie cada que llegaba a mi casa. Quien ladraba con alegría cada que me veía llegar, aquel que me recostaba sobre mi regazo cuando me veía llorar, el que me dejaba babeado con su lengua y me daba besos de autentico amor.

Jamás olvidare a mi Pánfilo, a mi Guardián. A mi Mejor Amigo.



Palabras a Mi Amigo:

Adiós. Una simple palabra, nada más que cinco letras unidas; un sonido tan corto, pero que es difícil de decir. Adiós. Hoy conocí el verdadero significado de esa palabra, fue un momento duro, doloroso. DIFÍCIL. Adiós mi joven gran amigo, adiós por esta vez. Descansa en los brazos de la luna que te arrullaran por la eternidad, viaja con las estrellas a mundos nuevos; conoce cosas que no pudiste hace
Ir conmigo, descubre aromas y aprende nuevos juegos. Corre en campos de pasto verde y flores amarillas, déjate llevar por el viento e tus cabellos blancos. Permítete disfrutar de una nueva etapa de tu vida, pero jamás me olvides. Jamás me borres de tu memoria en blanco y negro, porque yo nunca te eliminare de mi base de datos, no olvidare tus patitas peludas que se ondulaban en el suelo al correr, tu lengua rosada que te hacía ver auténticamente feliz al jadear. Tus orejas bicolores, caramelo y blanco que te hicieron único entre muchos canes, la ternura de tu rostro, tus ojos negros cual noche, tus bigotes gigantes que te aparentaban ver viejito. Jajá, tu ridículo y tierno nombre que me hizo amarte más de lo que esperaba. Todo tú. TÚ. Mi mascota perfecta, MI AMIGO SIN CONDICIÓN. Aunque te llore demasiado, se que ahora estas mejor. Adiós por esta vez, te volveré a ver. No sé cuando, no sé dónde; pero este momento será en alguna de nuestras muchas vidas. Adiós amigo.