miércoles, 10 de octubre de 2012

El Adiós de un Amigo





Hola.

Permítanme presentarme, mi nombre es uno de los más comunes que existen en este planeta. Es tan común que simplemente escribirlo me haría pasar invisiblemente entre los demás, pero esta vez no se los diré. Me haré llamar "G". Actualmente soy un joven de 20 años, vivo en una ciudad muy concurrida y famosa en el mundo. Una ciudad considerada privilegiada y rica. Una de las más ricas en mi país en cuanto a su negocio se trata. Pero esta historia no es tanto mía, sino más bien de mi amigo, mi mejor amigo. Mi acompañante incondicional, mi guardián en las noches y mi consuelo en mis temores. 

Mi amigo es un ser singular, no camina en dos pies y tampoco es lampiño como yo. Su cuerpo está recubierto por una gruesa capa de cabello blanco, pero tampoco es un anciano. Su rostro es muy infantil y alegre. Mi amigo, cuando tiene calor acostumbra sacar la lengua para refrescarse, jadea sin cesar y le gusta mucho jugar con pelotas de colores, pelotas saltarinas y peluches mercadologicemante creados, que representan dibujos animados de años pasados, para ser específicos de una serie muy popular en los 80´s; Scooby-Doo. Ese juguetito que tanto le gusta a mi amigo, su juguete personal.
Pero mi fiel compañero no siempre fue mío. Déjenme contarles como lo traje a mi vida y como la vida me lo arranco de los brazos.

Soy universitario, actualmente llevo dos años de estudio. Antes de todo este rollo de situaciones, yo tenía otro amigo que igual ame, pero que un ser despiadado se llevo solo así porque si. Mi amigo se llamaba "Rex" y era negro como la noche. Compartíamos un lazo muy único; ambos éramos de cabellos rizados. "Jajá", que chiste de vida. Dicen que todo se parece a su dueño y en nuestro caso la cosa era simplemente congruente. Rex se perdió, una tarde mi padre salió de la casa con la camioneta que tiraba de un remolque. Desafortunadamente, Rex descansaba sobre ese remolque y nadie se dio cuenta de ello, así que mi padre se fue y no noto ese detalle. Pasadas unas horas nos dimos cuenta de la desgracia, pero ya era muy tarde. Rex se había perdido.

Lo buscamos desesperadamente por días, preguntábamos a personas en la calle pero nadie nos daba respuesta. La casa quedo triste por unas semanas, mi madre calló en un luto desesperado. Su llanto invadía la casa a cada momento, ella AMABA a ese perro.

Ocurrió que un día en la universidad, una de mis compañeras hizo una propuesta algo fantasiosa, comenzó a ofrecer en adopción un perrito. Un maltes, que ya no podía atender. Se lo ofreció a muchos de mis compañeros de clase, pero nadie se veía interesado; nadie excepto yo. Por último, me acerque a ella y le pregunte sobre su oferta. Era real. Acordamos mostrárselo a mis padres por medio de una página de red social, mis padres (en especial mi madre) vieron las fotos del can y quedaron enamorados de él al instante. Sin esperar más, me llevaron a la camioneta y emprendimos el viaje a casa de mi compañera.

Quince minutos. Eso fue lo que tardamos en llegar al lugar. Una vez ahí, mi compañera salió con el animalito en brazos. Era HERMOSO. Braco cual nieve, sus orejas bicolores, una color caramelo y la otra blanquita o más bien un poco moteada. Me lo ofreció, se despidió de él y me hizo comprometerme a cuidarlo siempre. Me había hecho YO el amigo directo de ese ser vivo. Era tan chiquito. Sus patitas recogidas sobre su cuerpo demostraban cierto temor, su carita desconcertada me indicaba que estaba en PÁNICO. Lo abrase y lo lleve al carro. Me despedí de mi compañera y se lo ofrecí a mi madre. Una avalancha de abrazos, caricias y palabras bonitas colapsaron sobre el Can. PÁNFILO, dije. "Pánfilo es su nombre mamá", tiernas palabras salían de la boca de mi madre, parecía que le hablaba a un bebé y en efecto si lo era. El cachorro tenía apenas tres meses, un bebe grande en realidad porque ya tenía cierto tamaño.

Llegamos a la casa, le asignamos un lugar cerca de los cuartos, lo alimentamos y lo dejamos dormir. Fue algo así como un consuelo dentro de la tormenta que vivimos en ese momento. 
Jamás olvide a Rex. Nunca sabré que paso con él, pero jamás se borro de mi memoria. Por otro lado, Pánfilo era un ser angelical. Juguetón como cualquier niño, travieso y desastroso. Tierno a su manera y un caos a la vez. Era un cachorro vivaz y feliz, y lo más importante. Era MÍO. MI AMIGO.
Así pasaron los días, las semanas y los meses, hasta que llego su primer cumpleaños en la casa. 
Fue un 17 de julio del 2011 cuando le "celebramos" sus primeras primaveras, le compramos comida especial, golosinas y uno que otro juguete, aunque el prefería siempre jugar con su peluche de Scooby-Doo.
Fuimos al parque ese día, lo recuerdo. Jugué con él con las pelotas que tenia, las tiraba y él me las tria. Era mágico pasar ratos con ese perrito.

Por las mañanas él era mi despertador, se tiraba sobre mi cama y una lluvia de lamidas y baba inundaba mi cara. Era lindo ser despertado por él, jamás lo olvidare.
Acostumbraba dejarlo dormir de vez en cuando en mi cama, aunque siempre se iba a mitad de la noche, me sentía seguro con él a mi lado. Así pasaron otros 6 meses cuando un día un nuevo integrante llego a la casa. "Huch".

Huch es el perro de mi hermano, un Bulterrier Stamford color café y de ojos verdes. Un perro igual de hermoso, pero un verdadero DESASTRE. Mi egoísta y celoso Pánfilo, no lo acepto del todo. 
Siempre quería imponer su autoridad sobre Huch, como el nuevo apenas era un cachorro y el viejo ya tenía su edad, los roles se fijaron y Pánfilo tomo el lugar de hermano mayor. El Líder de la manada de dos que había en mi casa.

Él siempre tenía el derecho de comer primero, aunque les serbia sus alimentos a ambos al mismo tiempo, Huch siempre le permitía comer antes. Jugaban juntos, pero el celoso de mi Pánfilo todo el tiempo quería ganar, el despertar matutino se torno un caos, ya que ambos querían lamerme la cara como si esta fuera una fuente de miel o alguna golosina perruna. Jajá.
Pero las cosas se fueron calmando, Huch fue creciendo y Pánfilo junto a él. Pasaron los días, las semanas y los meses. Dos años ya tenía mi Amigo. DOS AÑOS. Jamás olvidare esa edad. Fue una tarde de Abril cuando todo comenzó
Me disponía a dormir y deje a Pánfilo fuera de mi cuarto. Mi madre tiene la costumbre de levantarse a media madrugada a verificar que estemos bien (costumbres de madres, ellas siempre nos verán cómo sus bebés gigantes), cuando encontró a un enorme escorpión fuera del baño. Se asusto demasiado y a punta de zapatazos mato al insecto. Al día siguiente, note a pánfilo un poco extraño. Su nariz estaba reseca y estaba algo caliente. Supuse que fue picado por el insecto, así que lo lleve al Vet y este le administro antibióticos para curarle el mal. PROBLEMA RESUELTO. Las cosas estaban bien, ya no había peligro que correr en este día.

Volví a casa, pánfilo estaba mejor, jugaba como de costumbre. Comía bastante bien y se peleaba, como de costumbre, con Huch por la atención y los cariños. CELOSO PERRO.

Así pasaros tres días, cuando un nuevo síntoma apareció en mi Amigo. Esta vez, su pequeña boquita temblaba muy lenta y casi invisiblemente. Yo creí que jadeaba, así que NO le tome más atención. El estaba normal, hacia lo de siempre y se veía alegre, sano y fuerte. No me alarme. Pero cuál fue mi desdicha. Mis desgracia y mi condena por no haber notado los síntomas de lo que venía en camino.
Seguí con mi vida universitaria, de mañana asistía a mis clases, de tarde llegaba a casa. Me tomaba dos o tres horas en el gimnasio, hacia tareas, jugaba con mis mascotas y me daba el tiempo de acariciar a mi Amigo. Fue en ente último momento cuando note la gravedad de la situación. Habían pasado ya tres semanas desde el incidente del escorpión en el baño, y la mandíbula de mi Pánfilo empeoraba cada vez más. EL tic nervioso que lo hacía NO descansar era cada vez más agresivo. ME ESPANTE. ME ASUSTE. TUVE MIEDO. ¡Que era lo que le pasaba a mi mascota! Acudí a mi madre para darle aviso de la situación, ella me dijo que no había notado ese detalle en mi Amigo, creyó que tenía calor siempre. Y si, tenía calor y un tic extraño. Acudimos al Vet al día siguiente, las palabras que escuche esa tarde fueron la sentencia de mi vida. Mi amado Amigo, mi Guardián de la noche, el Cuidador de mis sueños estaba más que enfermo. Teína una extraña enfermedad perruna, un virus mortal que lo ataco brutalmente, pero que NO lo mato por su sana condición.

MOQUILLO. Esas letras, esa palabra en específico me perseguirá por el resto de mi vida. "Moquillo", esa fue la sentencia del Medico Vet, nos aconsejo dormirlo porque sufriría en demasía en un futuro no my lejano, pero mis sentimiento y mi amor a é me hicieron darle una bofetada verbal al médico y me negué a hacerlo. Tome a mi Amigo, a mi mascota de la camilla y salí del lugar. Molesto, indagando y con una impotencia tremenda. Mi madre se despidió del Doctor, el comprendió mi reacción, pero mantuvo su veredicto y le dio fecha de muerte a mi compañero incondicional.

Llegaron las vacaciones, Pánfilo no mejoraba, pero al menos estaba activo y un tanto feliz. Aproveche todo el tiempo que pude con él. Jugamos mucho y salíamos a la calle a pasear, lo hacía correr con la esperanza inútil de así mejorar su situación. Pero no mejoraba, al contrario, todo iba de mal en peor, mi mundo con mi perro se colapsaba a cada segundo, poco a poco.

Las clases volvieron a su ritmo y a su normalidad. Para este momento, mi amigo ya estaba muy decaído. Buscaba mi compañía a cada segundo y me dolía en el alma no estar con él cuando me necesitaba de verdad. En serio me DOLIO no poder darle más abrazos de los que merecía, mas besos de los que normalmente le daría, mas caricias que le demostraran lo mucho que lo amaba. Me rasgo el alma no poder estar mucho tiempo a su lado, cantándole canciones que hablaran de nosotros dos, contándole historias que lo hicieran relajarse con mi voz. Pasear por los parques cercanos a mi casa y recostarnos en el césped verde mientras mirábamos el cielo o jugábamos con algún tronco seco.

Mi amigo se fue debilitando poco a poco, lentamente. El tic de su mandíbula se había esparcido por caso todo su cuerpo. La mitad de él. Su patita izquierda ya no era más de él, su voluntad sobre ella no era más que un simple pensamiento que no podía ser mandado como una orden. El virus que lo agobiaba se adueño de todo su ser y sus ganas de vivir se iban apagando poco a poco.
Consulte muchas fuentes que me dieran la esperanza de curar su mal. Pero cuál fue mi chasco que ninguna me daba esperanza alguna. NINGUNA. 

Al parecer el Medico tenía razón y dormirlo sería lo mejor para él.
Ya no tenía más fuerza mi Amado Amigo. Su patita mala perdía poder, cojeaba con dificultad al caminar. Se cansaba con solo dar seis pasos. Mi alma no sabía como reaccionar y mi razón no determina que hacer. 
Oré muchas veces pidiendo por su bien, platique con Dios para que le quitara este mal a mi pequeño Gran Amigo. Siempre dije que su voluntad era sabia, y si él en su infinita gracia y sabiduría sabia que dejar vivir al Can era lo mejor, me sentiría inmensamente feliz por ello, pero también le dije en oración que si su voluntad era llevarlo, no objetaría ante eso.

Platique con mi hermano NO carnal sobre esto, mi alma gemela entre muchos otros en el mundo. Llore junto a él, por la indignada impotencia que sentía al no poder hacer nada.
Comente esto con otros amigos de la universidad, cada quien me daba su punto de vista y lo que pensaba de dormir a un ser vivo. 

Recuerdo que me encerraba a veces en mi cuarto y dejaba brotar las fuentes de mi ser. Permitía a las cataratas de mi alma desembocarse sin impedimento alguno por mis ojos. Sollozaba en silencio mi pena y por fin tome una decisión.

NO PERMITIRIA DEJAR SUFRIR MÁS A MI AMIGO.
Así que acorde con mis padres que lo llevaran a descansar. Que le permitieran dormir en paz de una buena vez, para que no siguiera sufriendo cada vez más.

A la mañana siguiente de haber tomado mi maldita decisión, me levante tarde. No asistí a mi primera clase del día, y en lugar de eso abrase sin medida a mi Mejor Amigo. Llore sobre sus cabellos blancos, le dije cuanto lo amaba, cuanto lo quería y lo mucho que me haría falta cuando no estuviera mas aquí. Lo acaricie muchas veces, lo bese muchas veces, lo pegue a mi pecho por largo tiempo y finalmente me tuve que detener. Mi tiempo no era suficiente y la escuela me esperaba. Las malditas responsabilidades que tenía que cubrir, aquellas que eran necesarias y que por lo regular no me quejaba de hacer, pero esta vez no quiera saber nada de ellas. NADA DE NADA. Tuve que despedirme de mi Amigo una vez más.
Lo recosté en el suelo, sobre una mantita que le tenía separada. Me miro con ojos tiernos, que suplicaban "NO ME DEJES"; esos ojos negros que me clavaron una daga en el alma. Que me desgarraron mi corazón y que me dejaron con un nudo en la garganta. No pude hacer nada más que abrazarlo de nuevo, besarlo y acariciarlo. Despedirme de él, e irme lenta y pesadamente de mi casa.

Estando en la escuela, llore. Llore tanto y tan amargamente que mis ojos se hincharon. Deje fluir mis sentimientos sin medida alguna. Me escondí de toda mirada curiosa y de cualquier ojo crítico. Llore, solo LLORE.

Una de mis mejores amigas noto mi pueda, me brindó su consuelo y me abrazo mientras no dejaba de sollozar mi llanto. Así paso aquel día, un día pesado. Pero cuál fue mi sorpresa que al regresar a casa, mi amigo aun seguía ahí. Esta vez con una luz más brillante en su mirada.

Mis padres me explicaron lo sucedido en la clínica. Lo llevaron a su destino, pero ambos (y mas mi mamá) lloraron tan amargamente frente a él, que en un intento de consolarlos, mi pequeño Pánfilo se acurruco en el regazo de mi madre, alzo su mirada hacia ella y con unos ojos penetrantes, la miro. La observo y en su silencio suplico por su vida. Mía madre se desgarro el alma, su corazón no resistió tal acto y se negaron a dormirlo. De nuevo llore, pero esta vez de alergia, una alergia momentánea, pero efectiva. Abrace a mi amigo y de nuevo lo bese y acaricie.

Salimos a la calle a caminar, lo lleve al parque a que se distrajera un rato y regresamos a casa. Así estuve un mes más con él, hasta que las cosas de nuevo, volvieron a empeorar.

Era jueves de noche. Llegaba de mis prácticas profesionales a mi casa, mi familia ya dormía y al entrar lo primero que pensé fue "DONDE ESTA MI PÁNFILO". Lo busque, pero cuál fue mi sorpresa que lo encentre tirado y débil en medio de la cocina, lo levante del suelo, pero su cuerpo no reaccionaba debidamente. Sus fuerzas ya no daban para más y mi corazón sinceramente sintió pena y tristeza. Angustia y bastante coraje. Era algo injusto. Perros callejeros que se exponen a todo tipo de mal, de virus y enfermedad, permanecen vivos en la calle y mi amigo, mi mascota a la cual cuidaba con celo, le pasaba lo que para ellos debía de ser normal. INJUSTO.

Mi coraje y mi impotencia. Mi miedo y tristeza me hacían sentir estúpido, débil y sin el poder de ayudarlo.
Pero las cosas así son, su momento había llegado y su fuerza ya no resistiría más. Fue así como el sábado, este sábado, decidí darle paz a su alma. Terminar con su dolor y beberme ese trago amargo de experimentar la muerte de un ser amado.

Citamos con el médico el suceso. Tome a mi amigo en brazos, los sostuve contra mi pecho y llore en silencio mientras manejaba a la muerte segura. Una vez llegando a la clínica, el aroma a cloroformo y medicinas me asqueo. La mirada de mi pequeño amigo era perdida, ¡QUE DOLOR SENTI! Lo acosté sobre la camilla, sostuve su cabecita peluda y la inyección fue puesta. Lo acaricie mientras su vista se perdía cada vez más. Lloraba sin medida, mientras el veneno entraba cada vez m as rápido a su cuerpo. Lloraba, lagrimaba y me maldecía por dentro.

Por fin todo acabo.

El adiós de mi mejor amigo se materializo. Ese destino que no podía evitar. Ese dolor que sabría que llegaría, pero del cual tenía miedo a experimentar.


La vida es relativamente corta, mi vida con mi amigo fue única. Jamás olvidare a este ángel que me hizo pasar momento muy divertidos. Que me amo como nadie más lo hará, sin condición. Quien salía a saludarme primero que nadie cada que llegaba a mi casa. Quien ladraba con alegría cada que me veía llegar, aquel que me recostaba sobre mi regazo cuando me veía llorar, el que me dejaba babeado con su lengua y me daba besos de autentico amor.

Jamás olvidare a mi Pánfilo, a mi Guardián. A mi Mejor Amigo.



Palabras a Mi Amigo:

Adiós. Una simple palabra, nada más que cinco letras unidas; un sonido tan corto, pero que es difícil de decir. Adiós. Hoy conocí el verdadero significado de esa palabra, fue un momento duro, doloroso. DIFÍCIL. Adiós mi joven gran amigo, adiós por esta vez. Descansa en los brazos de la luna que te arrullaran por la eternidad, viaja con las estrellas a mundos nuevos; conoce cosas que no pudiste hace
Ir conmigo, descubre aromas y aprende nuevos juegos. Corre en campos de pasto verde y flores amarillas, déjate llevar por el viento e tus cabellos blancos. Permítete disfrutar de una nueva etapa de tu vida, pero jamás me olvides. Jamás me borres de tu memoria en blanco y negro, porque yo nunca te eliminare de mi base de datos, no olvidare tus patitas peludas que se ondulaban en el suelo al correr, tu lengua rosada que te hacía ver auténticamente feliz al jadear. Tus orejas bicolores, caramelo y blanco que te hicieron único entre muchos canes, la ternura de tu rostro, tus ojos negros cual noche, tus bigotes gigantes que te aparentaban ver viejito. Jajá, tu ridículo y tierno nombre que me hizo amarte más de lo que esperaba. Todo tú. TÚ. Mi mascota perfecta, MI AMIGO SIN CONDICIÓN. Aunque te llore demasiado, se que ahora estas mejor. Adiós por esta vez, te volveré a ver. No sé cuando, no sé dónde; pero este momento será en alguna de nuestras muchas vidas. Adiós amigo.

domingo, 7 de octubre de 2012

Metamorfosis



Fue una tarde la que dominaba los cielos cuando mi último aliento se desprendió de mi cuerpo y dejó libre alma.

Me encontraba acostado en una camilla blanca con sabanas azules en el hospital St. Giörgiomeno, de la pequeña ciudad de Güliard. Mi vida estaba por despedirse de este mundo atroz, mi alma se cohibía ante la idea de tener que desprenderse de mi cuerpo y mi ser perdió la razón ante la idea de que solo me quedaban unas pocas horas de vida. Estaba en el lecho de mi agonía, deambulando el pensamiento en la desconocida nada. Mis horas estaban contadas y mi tiempo en este lugar era relativo, no serbia para mas qué, para ser un espécimen en observación, un experimento, un conejillo al cual estudiaban detalladamente.

Hacía seis meses que luchaba contra este mal que ataco mi cuerpo, hacia solo unos cuantos meses que comencé reconocer que no soy en realidad nada, más que un simple peón en medio de una batalla más grande que yo. Mi vida ya no existía, era yo ahora los residuos de un anterior hombre prodigioso y muy dichoso. Ahora, en mi mas que triste estado, me encontraba solo y sin abrigo. Sintiendo el frio de la soledad, permaneciendo abandonado en medio de un universo desconocido. Mi sufrimiento había desaparecido, ya solo esperaba la hora de mi muerte. La comunidad médica había perdido toda esperanza en mi recuperación, se habían agotado las opciones para mí y, este mal que me cubría, era más que extraño para todos en este lugar. Me observaban con ojos depredadores, como si esperan a que mi última exhalación sucediera, para desmembrar cada parte de mi cuerpo y abrir mis entrañas en busca de la razón de mi maldición. Me encontraba solo, sin familiar alguno y sin amigos que me visitaran.

Soy yo el último descendiente de mi dinastía, la más adinerada conocida desde siempre. Mi familia fue tan rica desde sus inicios, nuestra fortuna era tal que los mismos reyes sentían envidia de nuestra dicha y los nobles mas hipócritas frecuentaban buscar nuestra interesada amistad, solo para satisfacer sus propios deseos. Pero ahora en mi desgracia, había yo agotado todo mi dinero en curar mi mal. Comencé a gastar cada uno de mis lingotes en investigaciones, en medicinas que prometían poder curar mi enfermedad, en tratamiento que según los médicos, retardarían el proceso del demonio que sucumbía dentro de mí. Gaste todo, me quede sin nada. Vendí mis muy codiciadas mansiones a ricachones ególatras en los precios mas míseros, agote cada moneda de mis arcas y me quede en la calle. Mi desgracia era tal, que hasta los vagabundos de las calles se burlaban de mi infortuna situación.

Imagíname en aquella cama blanca recostado, con la piel más que seca, aquella piel que fue bella y bronceada en mis épocas de gloria, cuando a rienda suelta me deleitaba en placeres; me embriagaba y dejaba gobernar por el vino, disfrutaba a cuantas mujeres deseaba y gozaba del sexo promiscuo cual bestia en celo. Pero ahora, en mi lecho de muerte, imagíname con aquella belleza extinta. Mi piel bronceada ahora parecía papel purificado, blanco como el mármol; tan pálido que tenía aspecto de fantasma y me confundía con la cama, mis músculos ya no existían y la carne que los envolvía se había acabado. Mis huesos, ¡oh dios! aquel esqueleto que soportaba las caídas y el pesor de mis hombros, ahora débiles y frágiles cual cristal, se adherían a mi piel de papel, mis ojos negros como la noche, envueltos ahora por las órbitas de mi huesudo cráneo, eran más bien solo dos canicas que adornaban mi aspecto cadavérico. Mis venas de sangre azul, ahora cafés y rígidas como madera, más bien parecían raíces que me envolvían en una maldicen absoluta. El cabello negro, largo y abundante que alguna vez cubrió mi cabeza, se había caído por completo, dejándome sin el más mínimo rastro de él. Mi rostro, el rostro que alguna vez fue considerado el más hermoso, había perdido todo su esplendor y la hermosura que alguna vez tuvo, se escapo junto con todo aquello que alguna vez me perteneció. Mis labios, resecos como el desierto de Shïpudert, arqueaban una expresión vacía en mi rostro. Mi aliento emanaba una peste a muerte y destilaba un color rojo escarlata, un color que te recuerda a la sangre cuajada. Horrible desde cualquier ángulo.


En conclusión, imagíname como un esqueleto en vida, una parca que con la mirada perdida.

Toda la academia y la comunidad científica, médicos e investigadores de todas las ramas me observaban. Me miraban con sus ojos de Cuervos en espera de mi descenso al Hades, penetraban mi cuerpo y sucumbía mi alma. Rasgaban la poca vida que quedaba en mí. Sus voces eran un misterio a mis oídos, me miraban a través de un muy grueso cristal, bocas moviéndose y bolígrafos surcando papeles, libretas y libros de todas las clases. Cámaras que me aturdían con sus luminosos flashes, computadoras que se abrían y cerraban una y otra vez. Gente saliendo y entrando de aquella sala, miradas de horror y de interés se reflejaban en sus rostros, una que otra lagrima se desprendía de sus ojos y lo más curioso de todo, cada uno de ellos se persignaba o reflejaba darme una oración desde atrás de aquel cristal tan claro, tan rígido y tan divisor.

Eran las 17:45 horas. Mi última intervención fue ayer a las 12:00 horas, los médicos me habían dicho que no pasaría esa noche; así que mandaron a llamar a un cura, quien me dio unas oraciones y, como es costumbre en la religión de los católicos, me promulgo de todos mis pecados y me dio la bendición ante el señor. Dentro de mi habitación podía escuchar solo algunos sonidos débiles. Se impregnaban en mis oídos el fluir del aire acodiciando, el cual estaba más que controlado desde afuera, el mismo aire que se purificaba mediante un filtro dentro de los conductos de mi habitación, y que después regresaba a mí para poder sostenerme en estos últimos momentos. Ya no usaba más los tubos dentro de mi tráquea, la intervención venosa era inútil, mi sangre estaba casi agotada y mis fuerzas no dejaban siquiera hacerme mover un dedo. Estaba acabado. El sonar del monitor que, indicaba mi ritmo cardiaco, resonaba en mi mente y me torturaba con su imparable "bip, bip". Vivía mis momentos más angustiosos, pero también mis momentos más pacíficos. Sabía que mi hilo de la vida estaba ya en manos de las Gorgonas, esperando solo el momento en que ellas decidieran cortarlo con sus macabras tijeras de muerte. Mis pensamientos divagaban en si el cielo era real o si el infierno existía. Si al retirarme de esta vida me iría a un lugar mejor, o simplemente dejaría de existir para siempre.

Un hombre completamente cubierto por un traje blanco y un casco tan grande que, cubría toda su cabeza y solo dejaba ver su rostro a través de una ventana (por así decirle), entro a mi fétida recamara con aroma a alcohol etílico. Se acerco a mi camilla y con ojos de tristeza me miro, tomo mi mano y... ¡por fin! Pude escuchar una voz humana de nuevo. Sé que es exagerado, pero desde hace un mes solo me hablaban a través de un micrófono desde el otro lado del cristal de observación, hacia mucho que alguien se acercara a mí, al menos no cuando yo estaba consciente. Aquel hombre me todo la mano derecha, su voz era ronca y acentuada, sus ojos tan expresivos y de un intenso color azul me hacían sentir su dolor hacia mí. Quería llorar, en parte de felicidad y por otra de impotencia, pero ninguna lagrima salió de mis ojos; estaba tan seco, tan acabado que hasta esto se me hacia prácticamente imposible. Él me dijo con cierta ternura y algo de compasión - Todo estará mejor una vez que pases al otro lado. Solo resiste un poco mas.- Pero mi débil voz solo logro emitir un quejido y distorsionado - Ya no tengo más miedo.- Los ojos azules de aquel individuo se inundaron de lagrimas en ese momento, su llanto se hizo tan evidente que tuvo que voltear la cara para no mirarme, para no dejarme ver su pena hacia mí. Yo solo permanecía ahí, acostado como un vegetal, sin moverme y con los ojos siguiéndole. Note que con una seña en la garganta, dijo hacia los espectadores que contaran. En ese momento deduje que me estaban filmando, o algo por el estilo, el hombre volvió su mirada irritada y rojiza hacia mí, tomo de nuevo mi mano derecha con la suya y con la otra acaricio mi pelona cabeza. Se quedo ahí, mirándome y observandome, tratando de entender que fue lo que me sucedió, intentaba comprender el porqué de este mal, pero su mirada de incertidumbre lo delataba ante mí y me dejaba ver que no tenía la más mínima idea de mi mal. No sabía que era exactamente lo que me sucedió, y a lo que logre leer en sus labios sin sonido mi enfermedad era única en su caso; pude leer esto en sus carnosos y rojos labios "Este virus es de lo más raro. Es algo nuevo en la medicina". Por supuesto yo no sé nada de este arte, no soy médico, pero si se que las enfermedades mas mortales son causadas por virus, pero al parecer mi situación era la primera en la historia del mundo.

Continuo demostrándome afecto, dándome aquel cariño que tanto necesitaba de un humano en esos mementos. Se quedo parado frente a mí y después de un rato se ofreció a contarme una historia. Cerrando los parpados y con un débil "SI" le rogué que me dejara viajar una vez más a un mundo que me hiciera sentir un poco mas feliz, al menos por esta vez. Tomó asiento en una silla blanca de mi recamara de hospital, aparto los innumerables aparatos eléctricos que me mantenían por lo que restaba de mi existencia y se dispuso a contarme una historia más que bella. Comenzó preguntándome que era lo que más me gustaba en este mundo, casi en seguida (aunque con cierto esfuerzo) conteste "Los Bosques" a su pregunta que me lleno de una felicidad autentica. De reojo pude ver que una sonrisa muy alegre se dibujo en su rostro, una carcajada ahogada se escapo de su garganta y se dispuso a contarme la historia. Empezó por plasmarme un panorama tan bello, me hizo imaginar un bosque de pinos, robles y cedros. Me convirtió en un ser mágico dentro de su historia y me hizo sentir un alma libre. Su historia decía así:

"Era hace mucho tiempo, en un mundo muy muy lejano, en una época antigua cuando el bosque dio vida a una de sus creaciones más puras y hermosas. Nació de la tierra un ser que no había sido creado nunca antes, era como un humano pero su belleza superaba a las más hermosas mujeres y su esplendor causaba envidia a los más gloriosos hombres. Vivía a la sombra de su padre y se resguardaba en el ceno de su madre, El Bosque y La Tierra. Convivía con todos los seres que en sus tierras habitaban, era considerado el príncipe de aquel reino y se regocijaba en el deleite de su felicidad. Caminaba con las fuerzas más viejas de este mundo y recibía consejo de ellos, el viento le confiaba sus secretos y los arboles sus tan antiguos nombres. Gozaba de la atención de las hadas y aprendía la música de los faunos, se educaba con los elfos y se divertía con los duendes. Era feliz en todos los aspectos. Pero un día, aquel príncipe del bosque se perdió de todos aquellos que lo amaban. Sucedió que en una tarde de crepúsculos violetas, un ser llamado "desgracia" lo invito a conocer el mundo mortal, lo engaño con sus palabras convincentes y le dijo que en esos dominios las cosas eran mas divertidas. Tomo forma de infante inocente y lo sedujo para que lo acompañe, lo impregno de tantas promesas falsas, que aquel príncipe no advirtió el peligro en el que se encontraba. Dejo de un lado su vestido de inmortalidad y acompaño a la Desgracia a la tierra mortal. Una vez que lo trajo a este mundo, el príncipe del bosque se dio cuenta que todo era mentira. La felicidad de la cual le había contado este ente del mal, no era más que dolor y sufrimiento, cosas que el príncipe jamás había conocido. Intento regresar a su hogar, pero las fuerzas de la naturaleza y las leyes que rigen los mundos mortales e inmortales le impidieron poder volver a su casa, obligándolo a quedarse en este mundo de agonía y terror, de dolor y sufrir, de amargura y tristeza. El príncipe murió; su dolor no pudo soportar el mundo que lo engaño, se desvaneció entre los árboles y se mezclo con las montañas. Se mantuvo oculto de todo ojo, por vergüenza a su ya ahora consiente DESGRACIA. Pero sucedió que un día, el mundo de sus padres le dio una oportunidad, le concedieron una salida a su pesar y lo invitaron a tomar el reto de su vida. El príncipe debía reencarnar en un humano, vivir la vida de un humano y una vez que la lección de su error haya sido aprendida, el podría volver a su mundo de fantasía. El príncipe sin pensarlo dos veces accedió. Se imprimió en el vientre de una bella dama, una dama que por muchos años fue estéril, una nada de gran clase social y que ahora, tenía la dice de poder ser madre. El príncipe nació en el seno de una familia prodigiosa, adinerada y con mucha dicha. Sus padres mortales decidieron llamarle "Komet", que en sueco significa "Cometa" (y que, así es como me llamo yo). Komet creció como un niño amado, querido y afortunado. Nunca estuvo falto de vestido ni de alimento, tenia juguetes a montones y el cariño de todos los que en su gran casa estaban. Fue el más afortunado de los humanos de su época, su familia fue la más rica de todo el mundo por generaciones. Reyes hacían cita para poder venir a visitarlos y los nobles se peleaban por un lugar en sus muy lujosas fiestas que celebraban. Komet vivía en un mundo casi igual de perfecto que el original, pero como cualquier otro humano desconocía de su verdadero ser. No sabía que en realidad era un príncipe del Bosque, había olvidado su origen verdadero y se dejo envolver por el mundo traidor que lo rodeaba. Komet creció fuerte y sano. Aprendía de las mentes más sabias de este mundo y conforme el tiempo pasaba, su sabiduría aumentaba en capacidad y en intelectualidad. Pero de nuevo la "Desgracia" lo busco, y esta vez lo azoto más fuerte. Desgracia comenzó a visitar a su muy limitada familia, primero ataco a sus abuelos, los ancestros mas jóvenes de su dinastía. Después acudió a sus tíos, uno a uno fueron muriendo de formas raras y extravagantes. Algunos murieron por descuidos propios, otros cuando comían, uno más fue se degolló a sí mismo con su navaja de afeitar al resbalar en el baño. Luego sus primos, jóvenes adolescentes y adultos que fueron víctimas de asaltos o accidentes de lo más increíblemente posibles; y por último la Desgracia lo despojo de lo que más amaba en este mundo, sus padres. Atacados por un homicida serial, fueron despellejados y desmembrados un jueves de noche, cuando al salir de una Opera, fueron tomados en su auto y llevados a una bodega aislada, para ahí acabar con sus vidas; solo por ser más ricos que le enfermo que los despojo de la vida. Komet se quedo solo, a su corta edad, a los 20 años el joven rico se quedo sin nada. Sus amigos, o como ellos se hacían llamar, solo lo buscaban para embriagarlo y despojarlo de sus riquezas. Desperdicio mucha de su fortuna en sus placeres, se sumergió en la bajes del mundo y como un alma perdida, se dejo llevar por el gozo de las drogas, el alcohol, el sexo y la gula. Se convirtió en algo irreconocible, en un monstruo que ni el mismo aceptaba, el algo que llego a aborrecer el mismo pero, viéndose en su situación, le era difícil poder dejar. Komet se perdió para siempre. Sus padres El Bosque y la Tierra lloraron la desgracia de su hijo sin memoria y como la ley del mundo mágico dicta, un ser que se corrompe a sí mismo es simplemente inaceptable en ese mundo. Pero no todo estaba completamente perdido, Desgracia había olvidado algo, el joven y perdido príncipe aún conservaba su esencia. Muy dentro de su alma sabia cual era su lugar y fue así como un día Komet decidió no volver a su mundo de perdición, comenzó a ser recto en sus decisiones y se aparto de todo lo que lo pudiera incitar a cometer mal. El joven príncipe estaba por recapacitar su lugar, ya estaba más cerca de acabar con su lección y de aprender sobre los males del mundo al cual acudió, pero la malvada dama que lo incito a visitar el universo que lo corrompió no se dio por vencida y en un último intento de retener a su presa dejó caer en él un mal que ni la mente más brillante del mundo mortal podía comprender ni podía curar... "

El hombre de traje se quedo callado por un momento, mi mirada se dirigió hacia el cuarto desde donde me observaban. Absolutamente todos estaban atónitos, atentos y a la espera de que aquel hombre siguiera hablando. Pude ver una cámara de vídeo en la sala, efectivamente me filmaban. Había muchas damas ahí dentro que con lágrimas en los ojos y bocas inexpresivas me miraban con mucho dolor. Caballeros que enjugaban sus miradas y empañaban los lentes que adornaban sus orbitados órganos visuales. Todos atentos y en silencio, ni un alma hablando o intentando hacerlo. Entonces, de nuevo, el hombre de traje blanco y casco grande comenzó a hablar una vez más, con voz algo temblorosa y una vez más, me deje llevar por su relato.



"El príncipe callo rendido ante un mal que su némesis había dejado reposar en su alma. Comenzó a perder fuerza, el poder que alguna vez tubo desapareció. Sus riquezas fueron acabándose poco a poco y aquellos "amigos" que alguna vez juraron estar siempre junto a él, habían desaparecido de la faz de la tierra. Se encontraba solo, quebrado y en plena desdicha. Su enfermedad había invadido hasta la última célula de su cuerpo y poco a poco fue muriendo de adentro hacia afuera. Los músculos que alguna vez lo embellecieron y lo hicieron fuerte se habían ido, habían desaparecido. Su la belleza de su rostro simétrico y la luz de sus ojos se habían ido, habían desaparecido. La tenue sonrisa y la agradable voz que alguna vez lo habían hecho resaltar entre muchos otros se habían ido, habían desaparecido. El color de sus labios, su piel y su cabello negro cual noche ya no se encontraban con él, todo absolutamente todo se había ido, todo había desaparecido. Ya nada quedaba más, nada más. Solo su fuerza que se agotaba a cada segundo y su presencia que a cada minuto se hacía más estremecedora, más despreciable y más triste. Solo un cuerpo cadavérico, casi muerto, un esqueleto con ojos y piel yacía en una cama blanca con sabanas azules en un hospital de una ciudad pequeña, quedaban del joven príncipe. Y ahora, un viejo conocido. Alguien que el jamás antes recordara haber visto, pero que siempre estuvo junto a él desde el momento que nació permanece a su lado. Un guardián que lo ha cuidado desde siempre. Un protector que lo recordara por la eternidad. El joven príncipe está a punto de morir y lo último que escucho fue el resumen de su vida y de su historia en este mundo lleno de dolor. Y fue una tarde la que dominaba los cielos cuando su último aliente se desprendió de su cuerpo y dejo a su alma ser libre. Ser un Cometa en el espacio y poder volver a su amada tierra de magia."

Con esto termino aquel hombre, quien me dejo impactado. Había hecho una descripción de mi vida tan detalladamente que, no lograba rebuscar la imagen de su rostro en mi ya agonizante memoria. Busque y busque dentro de mis pensamientos, revise hasta el último lugar de mi cerebro moribundo y por fin divise su imagen. Aquel hombre que se sentó junto a mi era alguien a quien había olvidado por completo, un alma que siempre se me hizo familiar, desde el día en que lo conocí, en aquella banca vacía del colegio al cual asistía; pero que misteriosamente ya recordaba de tiempos pasados. Aquí hombre fue el único amigo que tuve de verdad en mi vida, fue el único que me busco cuando no tenía a nadie y al que siempre olvide cuando necesitaba ayuda. Aquel hombre era un recuerdo de una vida que no diviso con claridad, es como un fantasma que acurde a mí. Pero entonces, como un Flashback una escena regreso en mis ultimo minutos de vida. Un campo verdad, tan verde que parecía irreal; me encontraba yo vestido con telas diferente y extrañas, vestido de forma muy artesanal, adornado con bordados de hojas y plantas; arboles y raíces. Coloreado de un singular color dorado, mi piel brillaba a la luz del sol y a mi diestra estaba este individuo, su piel cual palta destilaba rayos intensos, jugábamos y me divertía con él. Lo llamaba compañero, amigo y guardián. Era el único en quien yo solía confiar, y al cual había olvidado. El era mi Holhooja.

Mi Holhooja se levanto de su asiento, tomo mi mano y en un último intento de agradecerle por estar conmigo en mi agonía de muerte, emití un ligero gracias con mi último aliento. En seguida comencé a sentir como todo se derrumbaba. Logre poder ver las lagrimas salir de los ojos de mi Holhooja, y como un arrullo, su voz comenzó a entonar una canción muy sencilla y relajante. Mis oídos comenzaron a escuchar una orquesta de violines y cuerdas varias, piano y trompetas. Una sinfónica tan lenta y tranquilizante que me deje llevar sin resistencia alguna. Comencé a ver que todo se iba apagando a mí alrededor, y como un aura que me cubría, mi alma se desprendió de mi cuerpo en forma de colibrí. Emane el último de mis alientos y por fin, después de una agonía que se fue convirtiendo en felicidad quede tumbado en aquella cama, inmóvil y con la mirada perdida en el infinito.

Quede muerto. Pero fue aquí cuando mi vida comenzó, fue en este momento cuando una nueva historia se escribió. Al observar el cuerpo que me aprisionaba logre entender que alfan podia volver al mundo de donde en realidad soy, volver a mi amada madre Tierra y a refugiarme en mi glorioso padre Bosque. Es aquí donde la muerte me hizo libre, donde al morir volví a nacer.

Es en esta metamorfosis donde una vez más, volví a florecer.

lunes, 1 de octubre de 2012

Tähdenlento


Terminaba un día más en la preparatoria Campbell High. Me encontraba en mi pupitre mirando hacia la nada, mientras la profesora de artes visuales nos recalcaba el tema de este día: "Ausencia de color o de luz. NEGRO". El color sin color, o el vacio, la ausencia de la luz; aquello a lo que muchas personas llaman oscuridad, justamente eso es lo que yo mas amo, lo que más admiro y lo que me cautiva como nada en este mundo. La intensidad de su simpleza y el misterio de su realidad, el Negro; y en esta tierra la hora que mas espero es aquella donde este magnífico matiz de nada, aparece cuando el ultimo rayo de luz se ahoga tras la línea infinita del horizonte, la hora que llega después de que los vastos e hirientes rayos del sol mueran tras una cortina ondulada de matices cálidos y brillosos, que paulatinamente se van reemplazados por otros que, poco a poco, van volviéndose fríos y oscuros. La Noche.

¡Me encanta, el amo! Me apasiona sentarme frente al lago que adorna la parte trasera de mi casa y admirar con gran placer la caída de un día más, tras el crepúsculo violeta que anuncia la oscuridad plena. El dominio de aquel color o de aquella ausencia de luz, que me vuelve más que loco y me hace estremecer. El misterio que la hora oscura guarda muy celosamente en su ceno, es lo que me hace sentir alegría, ansiedad y gozo; un coctel de emociones tan meramente puras y sinceras, que al juntarlas en un festín de emociones, hacen sentir mi corazón reventar.

Pero esta historia no trata sobre mi amor apasionado y descomunal hacia la noche hermosa; esta historia les contara algo más misterioso y hermoso que el sonido del aleteo de una lechuza blanca planeando y dominando los cielos en plena oscuridad, en incluso más cautivante y bello que admirar una mariposa negra posada en una rosa blanca. Mi relato, mi historia les revelara el origen del porque amo tanto a esta señora de negro, les contare él como un regalo tan puro vino hacia mí una noche de luna nueva, con un cielo despejado y adornado con un mar de astros que se regocijaban en el placer de su soledad. Pero como toda gran historia, esta empieza con un momento crucial y no planeado dentro de una rutina más que aburrida.

Todo comenzó un 21 de Septiembre de 20- -.

Como cualquier otro día de clases en la preparatoria, me dirigía a casa a pie. Este día en especial decidí volver muy temprano a mi hogar. Por lo regular nunca hay nadie más que yo en ella; mamá trabaja por las tardes en su florería ubicada cerca del centro del pueblo, y papá se dedica a gestionar proyectos y a supervisarlos en su propio despacho de arquitectos. En pocas palabras, solo los veo los fines de semana y algunas veces a la hora de la cena. Yo por mi parte. Pierdo casi toda la tarde en la calle, perdiéndome en los parques o caminando por el mar de Cobre que abraza a la ciudadela, o simplemente me tiro al pie de un enorme roble y pienso cosas muy locas, medito y me hago preguntas más que estúpidas pero que me hacen imaginar mas allá de mi realidad, como ¿qué habrá más allá de las fronteras de este mundo? Pero esta tarde en particular, fue distinta  a las otras, ya que preferí dirigirme a mi casa en lugar de irme a vagar por ahí.

Llegue a casa con un hambre bestial. Juraría que me podría comerme a un caballo entero si me lo sirvieran en barbacoa o algún guiso que me guste, pero a falta de tiempo y de poco conocimiento en las artes culinarias, me limite a prepararme una mateada de Chocolate y a servirme unos cuantos panecillos. Prepare mi improvisada merienda y me dispuse a disfrutar del descenso del día tras las línea divisora del lago, y admirar la llegada de mi amante del alma. Tome mi tarro de malteada, seleccione un panecillo, lo mordí y bebí de la solución de leche y chocolate mientras la noche llegaba elegante, con un tapiz de colores previos a su imponente presencia, amarillos y naranjas, rojos y ocres se destilaban por sobre el lago, mientras los violetas, azules y rosados se comían aquellos cálidos tonos, para luego desaparecer todos tras el lago, para ser tragados por el agua y dar lugar a mi bella dama de negro.

La noche se planto magnifica ante mí, y en ella un tapiz de bellas estrellas se rebeló por todo el firmamento, una por una fueron apareciendo. Me quedé sentado, solo sentado. Observando el espectáculo, con el tarro vacio y el plato limpio, recostado en una silla mecedora en el corredor trasero de mi casa. Un grupo de luciérnagas titilaban sobre las cercanas playas del lago y se perdía en los muchos juncos que crecen en la orilla.

Me perdí en aquella escena tan mágica; la disfrute demasiado y la grabe en mi memoria como uno de mis grandes tesoros personales. Susurre breves poemas a la noche, como si se los dijera a una amante, a una novia. Contemple los destellos plateados de las estrellas sobre las aguas y deje que estos me hipnotizaran con su encanto. Todo era perfecto, mágico y mío, tan mío. Nadie mas podría ver la verdadera realidad de lo que sucedía frente a mí, la cual yo siempre he notado a simple vista.

Me quede así por un muy largo rato, contemplando y disfrutando de mi amada noche, cuando entonces, como si una fuerza o algo que aún no logro explicarme, me hizo llevar la mirada al cielo, ¿o me obligo a hacerlo?, la verdad aún no lo sé, pero mi vista a las estrellas y algo impresionante sucedió en ese momento. Comencé a ver como una de las muchas estrellas comenzaba a moverse. Su trayectoria era particular y muy peculiar, paulatinamente sus movimientos fueron aumentando, primero pareció un punto que se movía lentamente en el cielo y de hecho, llegue a creer que mi imaginación o mi mente traicionaba mi razón, pero conforme su trayectoria fue avanzando comenzó a verse cada vez mas y mas grande, como las luces de un auto que aumentan en la oscuridad a medida que la nave avanza, venia tan rápido y ten cerca que apenas pude darme cuenta de que aquella estrella fugaz en realidad venia directo hacia el lago, directo hacia mi casa y por ende, directo hacia mí. Sentí miedo, me espante pero igualmente me sorprendí. Todo al mismo tiempo.
Y como si fuese un Cometa, su trayectoria fue cada vez más certera hacia mi destino, los cielos de aquella noche oscura quedaron completamente iluminados por el resplandor de la luz blanca, y de forma acelerada su inmensa cola de polvo y hielo se hizo tan notoria, que parecía más un meteoro de tonos plateados. Como dije antes, el cielo quedo absolutamente iluminado y el lago parecía un gran espejo que reflejaba en sus tranquilas aguas todo lo que en ese momento sucedía frente a mis ojos y sobre mi cabeza. El proyectil estelar, comenzó a descender abruptamente y sin una trayectoria definida; sobre voló mi casa y colapso en el bosque de al lado de mi residencia. Todas estas acciones sucedían mientras el cielo se volvía de un azul tan puro y profundo, que mis ojos sintieron dolor al verlo.

Recupere la vista de aquel espectáculo de luces y centellas, pero el rostro de su paso permaneció así alrededor de quince minutos. Precia de día, aunque la luz ser mucho as distinta, todo estaba iluminado como si miles de bombillos de luz fría se encendieran al mismo tiempo. En ese tiempo, este lapso de iluminación celestial, el interés de mi conocimiento y mi curiosidad despertaron de su estado de sueño y como si mi cuerpo dominara mi mente, salte de la silla y corrí hacia dentro de mi casa por mi tenis blancos de lona y una linterna. Salí de la casa tan rápido me fue posible y durante ese pausado momento de luz en la atmosfera, deambule por el bosque y corrí hacia el encuentro de aquella estrella caída.

Me guie por la estela de polvo y hielo, la cual era más intensa que la misma luz. La estrella o meteoro dejo detrás de si una inmensa cola, que como ya había mencionado antes, era demasiado hermosa y misteriosa, tan brillante que mis ojos se sentían indignos de merecerla. Este cuerpo estelar dejo a través de su caótica caída un muy marcado camino de escombros y destrucción en los arboles y sus copas. Un cilindro casi perfecto se formaba por entre pinos y árboles viejos, grandes y viejos árboles, y conforme me iba adentrando mas y mas al denso bosque, aquel tubo en los arboles decencia en un ángulo de 45°. Estaba ya muy introducido a los secretos de la inmensa maleza y vegetación de entorno forestal, cuando mi visión comenzó a captar el muy notorio cambio en la iluminación de la atmosfera; la luz de la cola que la estrella había dejado a su paso por los cielos negros, empezaba a apagarse y la oscuridad de nuevo tomo su lugar en el trono de los cielos. En ese momento encendí la linterna que traje conmigo, porque para este momento, mi visión no distinguía los objetos a más de cuatro metros delante de mí.

Mi travesía por el bosque, hacia la búsqueda de el objeto caído estaba casi por terminar, puesto que conforme me acercaba cada vez más a lo que parecía mi meta o mi destino, se sentía un paso más cerca; y conforme este sentimiento nacía en mi, el desastre del impacto de aquel cuerpo espacial era cada vez más destructivo a la vista. Había árboles caídos, ramas rotas y madera quemada por doquier. Un ligero aroma a humo se desprendía de aquellos pedazos de madera, un humo que en lugar de ser molesto al olfato, era más bien agradable; como si un incienso emanar de ellos, el aroma a pino se destilaba por todo mi alrededor. Camine al menos cien metros más hacia lo desconocido hasta que por fin mi visión empezaba a ver vestigios de destrucción y un final prometedor. Llegue al lugar del ya antes mencionado incidente, al lugar indicado. Ante mi se mostraba una escena tan dañada y destruida, Eris reinaba en estos dominios del tiempo y el espacio, y se regocijaba en el deleite del Caos que había en este lugar. Caótico desde cualquier ángulo.
Me adentre hacia los dominios de la destrucción y en las copas pude observar un claro formado por el impacto del meteoro, tan grande que las estrellas mismas iluminaban el entorno, o al menos eso parecía. La tierra debajo de aquel claro estaba rigurosa y salvajemente removida, una herida que se prolongaba muchos metros a lo largo del lugar y que, a juzgar de su aspecto, parecía como si miles de cuñas hubieran deslizado sus finas hojas en ella. Un aroma nuevo se impregno en mis narices, la humedad que la tierra dejaba salir envolvía esta atmosfera, combinada con el incienso del pino. Me aventure más adentro del claro y camine a la diestra de aquella apertura en la tierra, su prolongación era de aproximadamente veinte metros y conforme mis pies me acercaban mas al final del camino, mis ojos dirigían la mirada hacia el origen de tan asombroso espectáculo. Estaba a escasos diez pasos de llegar al cráter donde se hallara lo que fuera que cayó del cielo, pero cuando mis ojos divisaron lo que dentro de aquel agujero se encontraba, mi mente quedo bloqueada, mi razón aturdida y mi lógica simplemente enmudeció ante mis pensamientos que no sabían por dónde empezar.

Mi razón NEGO lo que mis ojos le enseñaban y de hecho, me hizo pensar que aquello que observaba era el producto de algún efecto secundario por parte del humo o por alguna espora de hongo que hubiese escapado de la tierra y se hubieran adherido a mis narices y afectado mi cabeza. Me acerque más para desmentir mis dudas, para hacerme creer a mi mismo que lo que en un principio creí ver era falso. Una mentira. Pero qué gran chasco me lleve al llegar al borde del cráter en la tierra, ya que cuando asome la mirada para observar más detalladamente lo que había dentro, mi razón se dijo a si misma ESTÚPIDA y LOCA, y un zape mental se materializo en mi cabeza -el cual sentí muy real en mi nuca- por hacerme creer tan fascinante y falsa verdad. No podía aceptarlo, pero ahí estaba y mi corazón lo creía y danzaba dentro de mi pecho por la emoción que se apoderaba de todo mí ser. Lo que estaba yo viendo era real, palpable y lo más extraordinario, estaba VIVO. ERA UNA MUJER.

Una chica joven y hermosa se encontraba dentro del agujero de tierra negra. Era blanca como una perla y su piel emanaba un brillo ligero, que imitaba el titila de una estrella; una luz plateada que era la causante del iluminar del claro. Sus cabellos negros como la inmensa noche me cautivaron, con brillos que parecían el polvo de la cola del cometa, oscuro y misterioso como mi amada del alma. Me dije a mi mismo loco e iluso, aun no me la creía; era extraordinario y raro a la vez. "ESTO ES UNA VERDADERA LOCURA", pero mientras todo esto sucedía en mi mente, aquella mujer hermosa capto mi atención. Ella abrió sus ojos y todo se calmo dentro de mí, sus penetrantes ojos grises, tan bellos, me miraron fijamente. Yo quede hipnotizado por tal acto, me deje llevar por su hermosura. Ella extendí su mano y en un idioma que no logre entender, me hablo y sus labios se abrieron como rogándome ayuda. Fue en ese momento, justo en ese instante que comprendí esto si estaba pasando. Que ESTO ERA REAL.

Reinicie mi mente y mi razón como cuando un videojuego es vuelto a encender. Aún no creía lo que pasaba, lo que veía y lo que escuchaba. Una mujer o un Alíen o algo por el estilo había caído literalmente de los cielos de aquella noche. Con mucho titubeo y desconfianza en su máxima expresión, fui descendiendo por la lateral de aquel cráter a pasos lentos. Una vez que llegue al final, al estar frente a la estrella, extendí el brazo y lentamente acerque mis dedos a su mano pálida y brillante. Sus ojos me miraron una vez más con ese pedido de auxilio, con cierta esperanza y su cuerpo desnudo me solicitaba a gritos abrigo y calor para recobrar sus fuerzas. Mis dedos se conectaron con los de ella y la sensación que a continuación sentí por todo mi cuerpo, fue algo de lo más extraño y hermoso que jamás hubiera sentido antes o después. Como si una inmensa frescura acompañada de un hormigueo que me causo cosquillas y placer, una sensación gustosa a mí ser, se apodero de mis huesos y músculos. Un suspirar se escapo de sus labios y con una sonrisa en el rostro, ella me miro y después de esto se desvaneció. Se desmayó. Me apresure a quitarme la playera que traía puesta, con ella cubrí a la bella dama y con un poco de esfuerzo la cargue en mis brazos y salimos del cráter. No sabía exactamente qué hacer, no podía dejarla abandonada a su merced a mitad de la nada, pero tampoco estaba seguro de si llevarla a mi casa. No tuve una idea exacta de lo que posiblemente podría pasar, pero la segunda opción era la más apropiada en este caso, así que la con pasos inseguros camine cargándola por en medio de la oscuridad. Su tenue luz iluminaba mi sendero, así que no tuve que usar la linterna. Me tarde casi una hora en llegar  a mi domicilio, el viaje fue más largo esta vez pero ya que estuvimos en los dos en mi casa, opte por llevarla a mi dormitorio, el único lugar realmente privado en mi solitaria residencia.

Una vez estando en mi cuarto, la recosté sobre mi cama. Busque sabanas y cobijas en el armario, y la cubrí para que no siguiera semidesnuda. Me senté, la observe y me quede pensando que era lo que esto significaba. No sabía con precisión si esto era muy común o si la historia tenía registros de estos acontecimientos, así que recurrí a la fuente de información más basta que tenia a la mano, la Internet. Encendí mi PC y abrí el navegador; tecleé en el buscador la frase "estrellas caídas" y un sin fin de artículos aparecieron enlistados. Abrí uno que otro, pero todos eran sobre datos astronómicos y sucesos importantes, nada relevante a mi situación, así que volvía a teclear pero esta vez cambie el termino por el siguiente: "Estrellas fugaces caídas". Esta vez solo me aparecieron 30 artículos, de igual manera la mayoría eran de datos astronómicos e investigaciones, pero hubo uno en particular que me llamo la atención, uno que decía en el titulo "leyenda de Tähdenlento". Era muy extraño, porque no escribí esto, así que sin más espera lo abrí y una vez que leí su contenido todo comenzó a tener sentido. En resumen el artículo de leyenda decía así:

" ... Hacia muchas eras, la diosa Kuu se enamoro de un celeste guerrero llamado Tähtisumu, pero el amor de la diosa Kuu nunca fue correspondido por el apreciable guerrero de los cielos, lo cual hizo crecer en Kuu el desprecio por aquel dominante de las fuerzas del espacio y un odio autentico la hizo cobrarse venganza en un futuro. Sucedió que una ocasión, Täthisumu conoció a una bella dama llamada Tähdelento. Ella era tan hermosa que cautivo el corazón de Täthisumu, pero el amor que crecía dentro de cada uno de ellos estaba tan prohibido y restringido, ya que Tähdelento era la prometida del dios Aurinko. El más poderoso de todos los dioses, y su en su poder sabia de los sentimientos impuros de su futura esposa. Sucedió que un día, Tähdelento y Täthisumu arreglaron encontrarse y escapar de la fuerza posesiva de Aurinko, pero tal noticia llego a los oídos de Kuu y fue esta la oportunidad de su venganza hacia Täthisumu. Kuu acudió a Aurinko y le conto todo el plan de los amantes estelares, al oír tales acusaciones Aurinko se encendió aún más en su furia y su enojo se transformo en ira. Aurinko busco a los dos amantes por todo el universo, pero ellos ya habían escapado de sus garras. Corrieron hasta los confines de lo desconocido y se refugiaron en las tierras de Galaxy. Ahí vivieron un Amor tan puro, tan autentico, que los habitantes de Galaxy sintieron envidia de su felicidad y los aliados de Kuu acudieron a ella para advertirle del paradero de sus enemigos. Kuu de nuevo se presento ante Aurinko y juntos planearon una de las peores desdichas para ambos amantes. En su frenesí de odio y envidia, los dos dioses decidieron acudir a Galaxy y de una vez por todas separar a los amantes del universo. Kuu se disfrazo de una vieja desamparada y se presento ante Täthisumu por ayuda, cuando él estaba separado de su amada. Aurinko tomo la forma de un niño perdido y con su inocente mascara engaño a la benévola Tähdelento, la llevo a las fronteras de Galaxy y una vez estando solos la maldijo a vagar por el universo, la expulso de la tierra santa y la confino a un cuerpo de mortal en un mundo que desconocido. Tähdelento suele aparecer ante los hombres desde entonces, cayendo desde los cielos y tomando la forma de una bella y joven dama. Täthisumu por su parte, perdió la razón, busco por todo el universo a su amada que ya no estaba con él, se perdió en su amargura y juro desde entonces acoger a toda aquella estrella perdida que necesitara de su protección, ya que no pudo proteger a su estrella con el suficiente amor. Dejándola perecer en la desgracia del mundo del mortal... "

Una vez que termine de leer el artículo, la realidad se rebeló ante mí. Lo que había pasado tenía una razón, una historia y era real. Ante mi estaba una estrella caída, una dama perdida. Ante mi estaba el producto de una batalla de eras pasadas, el amor que no pudo ser y el compromiso del cual ahora he tomado parte. Proteger a la estrella perdida, proteger al ser inocente, proteger a Tähdelento.